BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

ETNICIDAD, DIVERSIDAD E INCLUSIÓN EN LA BIBLIOTECONOMÍA

Introducción

El análisis de las instituciones bibliotecarias y de las prácticas de la información no puede desvincularse de la estructura sociocultural en la que se inscriben. Históricamente, las disciplinas de la información tendieron a adoptar modelos homogéneos, dejando en un plano secundario las necesidades y saberes de las poblaciones minorizadas y marginadas. Frente a esta aparente neutralidad técnica, la emergencia de la etnicidad como categoría de análisis ha permitido situar la organización, el acceso y la circulación de los recursos documentales en relación con los derechos culturales, la identidad y la equidad social.

En este marco, la dimensión étnica en la biblioteconomía se articula estrechamente con la biblioteconomía social, la cual abarca, entre sus líneas de estudio, el desarrollo bibliotecario en comunidades indígenas y afrodescendientes. Este vínculo evidencia el compromiso de la bibliotecología social y multicultural con la diversidad, la equidad y la inclusión, al tiempo que integra antecedentes históricos, corrientes teóricas y enfoques comunitarios interculturales. Esta perspectiva encuentra uno de sus principales cimientos teóricos en las aportaciones pioneras de David Cohen, cuya formulación de la Ethnicity in librarianship sentó las bases para evaluar la respuesta institucional frente  la diversidad étnica, importante componente de la diversidad cultural, núcleo de la biblioteconomía multicultural, o sea de la práctica bibliotecaria multicultural.

A partir de estas coordenadas, el presente discurso examina la articulación entre etnicidad, biblioteconomía y bibliotecología desde una perspectiva crítica, siguiendo un recorrido que va de lo general a lo particular. Para ello, se parte del concepto amplio de etnicidad y se abordan, en primer lugar, los fundamentos conceptuales trazados por Cohen y su repercusión en el pensamiento bibliotecológico contemporáneo.  En conjunto, el presente escrito visibiliza cómo el reconocimiento de la diversidad étnica impulsa la transformación democrática, incluyente y comunitaria de los servicios bibliotecarios y de información.

El concepto de etnicidad

Este concepto constituye una de las categorías analíticas fundamentales de las ciencias sociales para comprender la identidad colectiva, la organización comunitaria y la diferenciación social. A diferencia del concepto biológico y desacreditado de «raza», la etnicidad remite a una construcción socio-cultural basada en la creencia compartida en un origen, una historia, una lengua, un territorio, una religión o un sistema de valores comunes. Lejos de ser una esencia estática o ahistórica que determine la conducta de los individuos de forma inmutable, la etnicidad se entiende hoy como un proceso dinámico, fluido y relacional que se transforma y renegocia continuamente en función de los contextos políticos, económicos y de interacción social y cultural. En este sentido, “una teoría completa de etnicidad exige que atendamos a los efectos sociales de los procesos de objetivación social de las diferencias culturales” (Río Ruiz, 2024, p. 103). Si la étnicidad presenta implicaciones sociales de la etnia, la identidad étnica, la relación étnica y más, pero el fenómeno de la etnicidad no es un tema exclusivo entre las poblaciones índigenas y la sociedad nacional no índigena (Molina Ludy, 2007, p. 18), entonces, ¿qué significa etnicidad? Para conocer diferentes significados de esta palabra, se sugiere leer el artículo de García Martínez (2004, pp. 139-144). Aunque desde el punto de vista de un connotado bibliotecario estadounidense, resulta oportuno considerar el siguiente planteamiento:

Para comprender la etnicidad, es necesario conocer a fondo las características físicas, lingüísticas, culturales y religiosas propias de un grupo étnico. En una sociedad, constituyen un grupo étnico aquellas personas que comparten una identidad y una conciencia históricas —basadas en elementos culturales comunes o vínculos territoriales—, o     bien un conjunto de individuos de una misma raza u origen nacional que hablan el mismo idioma y/o comparten una cultura común y distintiva. Una identidad racial compartida, por sí sola, no define a un grupo étnico; es indispensable, además, compartir una historia y una tradición cultural. (Cohen, 1980, p. 180)

Desde la perspectiva sociológica y antropológica, impulsada decisivamente por pensadores como Fredrik Barth (antropólogo social noruego), la etnicidad se define primordialmente por la existencia de fronteras étnicas más que por el contenido cultural específico que encierra en su interior. Es decir, la identidad étnica no existe en el aislamiento, sino en la interacción y el contraste permanente con un «otro». Son los mecanismos de adscripción propia (cómo un grupo se autodefine) y de adscripción ajena (cómo es categorizado por los demás) los que delimitan las fronteras simbólicas entre grupos (Barth, 1976). Una comunidad puede alterar drásticamente sus costumbres o adoptar nuevos rasgos culturales sin que ello signifique la pérdida de su conciencia o membresía étnica. Al trasladar esta noción de frontera simbólica al terreno de la economía política, se evidencia que dichos límites no se mantienen en un vacío neutro, sino que se trazan y negocian en función de las desigualdades estructurales. El reconocimiento o la estigmatización de un grupo por parte del «otro» no solo responde a un juego identificatorio, sino a la distribución desigual del capital, el trabajo y las oportunidades. De este modo, la frontera étnica barthiana se convierte en una arena de disputa, donde la adscripción y la categorización sirven para legitimar el monopolio de recursos por parte de los sectores dominantes o, alternativamente, para afianzar la solidaridad de clase entre los subalternos. Así, la persistencia de los límites étnicos a lo largo del tiempo no depende únicamente del mantenimiento de marcadores culturales, sino de cómo estas fronteras continúan estructurando las relaciones de dominación, producción y resistencia en la sociedad.

En la esfera sociopolítica y en la teoría contemporánea, la etnicidad opera bajo una doble dimensión: como fuente primordial de pertenencia y cohesión comunitaria, o bien como eje de estratificación, desigualdad y conflicto étnico. En este sentido, la etnicidad es un hecho político que se “explica en términos de relaciones de clase” (Bari, 2002, p. 158). En este sentido, la etnicidad no constituye un rasgo identitario aislado ni puramente cultural, sino un fenómeno político articulado estrechamente con la estructura de clases y las dinámicas de poder en la sociedad. Desde esta perspectiva, la adscripción étnica cobra sentido en la medida en que determina la posición de los grupos en la división social del trabajo, condicionando su acceso a recursos materiales, intelectuales e ideológicamente valorados, así como a las formas de dominación, subordinación o resistencia que experimentan. En consecuencia, las categorías étnicas no solo reflejan identidades ancestrales, sino que actúan como mecanismos políticos e históricos mediante los cuales se reproducen, legitiman o desafían las desigualdades socioeconómicas.

Cuando la etnicidad se articula dentro de estructuras de poder asimétricas, puede dar lugar a dinámicas profundas de marginación, segregación o etnocentrismo, en las que un grupo hegemónico impone su propia cosmovisión y valores socioeconómicos como la norma universal. En estos contextos, las diferencias culturales son instrumentalizadas para justificar la exclusión sistemática, invisibilizar saberes tradicionales y perpetuar la subyugación de las minorías o de los pueblos originarios mediante dispositivos institucionales y discursivos. Sin embargo, la etnicidad no es una condición pasiva de subordinación. Por el contrario, cuando las comunidades subalternas la movilizan como herramienta de resistencia y acción colectiva, esta se convierte en un poderoso vehículo para la reafirmación de sus derechos históricos, la soberanía cultural y la exigencia de una verdadera inclusión democrática. Al disputar el espacio público y desafiar el sesgo monolítico del Estado, las identidades étnicas politizadas articulan demandas por la autodeterminación, la justicia distributiva y el reconocimiento de la diversidad, transformando la memoria compartida y las alianzas comunitarias en un motor clave para la redistribución del poder socioeconómico.

Con la consolidación de la globalización, las migraciones transnacionales y la hiperconectividad digital, el estudio de la etnicidad ha tenido que abordar fenómenos crecientemente complejos como las identidades híbridas, diaspóricas y de interseccionalidad. La etnicidad en el mundo contemporáneo rara vez se presenta de forma pura o territorialmente delimitada; se entrelaza constantemente con variables como la clase social, el género, la nacionalidad y la generación. Esto ha dado origen a formas renovadas de manifestación étnica en espacios urbanos y digitales, donde las personas navegan múltiples lealtades culturales y negocian su sentido de pertenencia en entornos profundamente heterogéneos. Desde esta perspectiva, dilucidar la etnicidad resulta indispensable para el diseño de políticas públicas, sistemas educativos y modelos institucionales en sociedades multiculturales. Superar las visiones asimilacionistas implica reconocer que la etnicidad no es un obstáculo para la integración personas, grupos y comunidades multiculturales, sino una dimensión legítima de la condición humana que enriquece el tejido social. Por ende, entender la etnicidad en su justa complejidad permite pasar de un pluralismo formal o meramente tolerante a un diálogo intercultural genuino, orientado a la equidad, el respeto irrestricto a los derechos humanos y la construcción de un espacio público verdaderamente incluyente. Entorno social que los diferentes elementos esenciales de los sistemas bibliotecarios no deben mantenerse al margen.

Entonces, el concepto de etnicidad se define a partir de lo étnico, es decir, de la vivencia consciente y compartida de la especificidad cultural de un grupo. En un determinado contexto, esta dimensión cobra sentido al revalorizar la identidad indígena dentro del conjunto nacional, articulando la igualdad a partir de la diferencia e incorporando plenamente la diversidad étnica del país en el panorama global (Zaragoza Contreras, 2010, p. 161). Así, entendida como el entramado de pertenencias, tradiciones y memorias compartidas que caracterizan a lo étnico, la etnicidad cobra forma cuando se visibiliza y valora el conjunto de elementos históricos, culturales y de pertenencia colectiva que define a los pueblos originarios y a quienes se reconocen como parte de ellos, como una expresión legítima de la identidad nacional. Integrar lo étnico en el tejido social permite trascender visiones homogéneas, planteando un diálogo donde la diferencia cultural exige igualdad de derechos, lo que sitúa a la sociedad como un referente pluri, inter y multicultural en el contexto internacional. Si es que la etnicidad —definida como la condición e identidad colectiva que surge al compartir y asumir los rasgos culturales, históricos y comunitarios propios de lo étnico— se materializa en el reconocimiento explícito de los marcadores identitarios y rasgos constitutivos de la comunalidad como parte sustancial de la nación. Esta dimensión étnica transforma la hegemonía social al reconfigurar la tensión entre la igualdad ciudadana y la especificidad cultural, fundamentando así la diversidad cultural.

El pionero en biblioteconomía y diversidad étnica

David Cohen (1909–2015) fue un destacado bibliotecario, educador y activista estadounidense, pionero en la integración de la diversidad étnica y la equidad dentro del ámbito de la biblioteconomía en su país. Nacido en un contexto de profundos cambios sociales, dedicó más de ocho décadas de trayectoria profesional a promover el acceso bibliotecario incluyente y a defender los derechos civiles, convirtiéndose en una figura emblemática para la American Library Association (ALA).

 

David Cohen

A lo largo de su carrera, destacaron sus contribuciones a la bibliotecología multicultural y la preservación de la libertad intelectual. Fue cofundador y líder clave de la Ethnic and Multicultural Information Exchange Round Table (EMIERT) de la ALA, desde donde impulsó colecciones y programas que reflejaran la pluralidad de las comunidades. Además, su compromiso con la Primera Enmienda de los Estados Unidos lo llevó a cofundar la Long Island Coalition Against Censorship y a desempeñarse como miembro charter de la Freedom to Read Foundation, participando activamente en la defensa del derecho de los ciudadanos a leer sin restricciones ni censura.

A través de algunos de sus escritos publicados entre 1975 y 1996, David Cohen consolidó una visión pionera e integral en materia de diversidad cultural en la biblioteconomía, evolucionando desde la creación de herramientas prácticas de selección bibliográfica (Cohen, 1975) hacia la fundamentación teórica y ética del servicio multicultural como un imperativo democrático (Cohen, 1980). Además, este académico extendió su impacto a la formación profesional al proponer modelos curriculares concretos para que las escuelas de bibliotecología integraran la etnicidad en sus planes de estudio (Cohen, 1982), con miras finalmente de instar a la comunidad profesional a refinarse conceptualmente frente al uso del término "multiculturalismo" (Cohen, 1996), demostrando así un compromiso continuo con la equidad, la educación bibliotecológica con perspectiva multicultural y la precisión terminológica en sociedades heterogéneas. Así, Cohen demostró que la atención a la diversidad étnica no debe ser una respuesta asistencial o coyuntural, sino una política bibliotecaria sistemática, fundamentada conceptual y transversalmente a la formación de las futuras generaciones de bibliotecarios.

 

En este sentido, la producción de Cohen no solo refleja la evolución ideológica del movimiento multicultural en las bibliotecas estadounidenses durante el último cuarto del siglo XX, sino que también ha sentado las bases institucionales para legitimarlo como un área de especialización profesional. Al pasar del desarrollo de colecciones dirigidas a comunidades étnicamente marginadas a la reestructuración de la enseñanza universitaria y el debate epistémico, sus aportes articularon de manera coherente la teoría pedagógica con la praxis de la etnicidad en la biblioteconomía (ethnicity in librarianship), concepto central dentro de la bibliotecología moderna, la sociología de la información y los estudios de diversidad, pues el término se refiere al análisis demográfico, la representación y las dinámicas étnico-raciales del personal que trabaja en las bibliotecas, así como a la manera en que la identidad cultural de los profesionales afecta el servicio que prestan a comunidades usuarias diversas. Es decir, la etnicidad bibliotecaria en nuestro contexto es un enfoque teórico y práctico en el marco de las ciencias de la información que postula que la diversidad étnica y cultural de una sociedad heterogénea debe integrarse de manera sistemática en todas las vertientes del trabajo bibliotecario. Expresión que se entiende como la visión, arista, perspectiva, dimensión o problemática de la etnicidad aplicada al ámbito del quehacer bibliotecario.

 

La consolidación del pensamiento de David Cohen en torno a la función social de los centros de información encuentra uno de sus momentos más representativos a comienzos de la década de 1980. En este periodo, el autor formalizó los fundamentos teóricos que justifican la transformación de los servicios bibliotecarios tradicionales hacia modelos plurales, interculturales y multiculturales.De tal modo que el debate sobre el papel de las bibliotecas frente a la diversidad étnica cobró un impulso decisivo gracias a su aportación teórica que buscó definir una base conceptual sólida para la profesión. En este contexto de maduración disciplinar, cabe recordar su artículo: “Ethnicity in librarianship: a rationale for multiethnic library services in a heterogeneous society” (Cohen, 1980), publicado en el emblemática revista Library Trends. Escrtio en el que Cohen rechaza la idea de la asimilación cultural, argumentando que la diversidad étnica es una riqueza constante de la sociedad que exige que las bibliotecas adapten sus colecciones, servicios, programas y la formación de su personal para ayudar a las comunidades heterogéneas. De este modo, tanto su trayectoria profesional como sus aportaciones teóricas consolidaron a las bibliotecas como instituciones incluyentes orientadas a la justicia social, la representación cultural y el acceso equitativo a la información.

 

Como profesor e investigador, principalmente en el Queens College (City University of New York), formó a múltiples generaciones de personal profesional bibliotecario en la importancia de los servicios de información incluyentes. Tras superar el siglo de vida, continuó siendo un referente intelectual y un participante activo en su profesión hasta su fallecimiento en 2015 a los 105 años. Su legado perdura no solo en la bibliografía especializada que publicó, sino también en el premio anual David Cohen Multicultural Award, el cual honra su firme convicción de que las bibliotecas deben ser bastiones de equidad, libertad y diversidad cultural.

 

La etnicidad en la bibliotecología social

Desde la perspectiva de la bibliotecología/biblioteconomía social, la etnicidad se comprende no como una mera categoría clasificatoria antropológica o demográfica, sino como una dimensión crítica de la justicia informacional, los derechos humanos y la equidad social. La bibliotecología social —que analiza las estructuras de poder, la exclusión y el compromiso ético de las instituciones de información— concibe la etnicidad como una construcción sociocultural atravesada por relaciones de dominación, opresión e inequidad. Bajo este enfoque, la etnicidad deja de ser dato estático en un formulario para convertirse en un terreno de disputa política y social, donde la biblioteca debe asumir una postura activa contra la marginación, el racismo, el eurocentrismo y el colonialismo de las diversas comunidades usuarias de información.

Para matizar este planteamiento sin restarle vigor argumental, conviene incorporar la perspectiva técnica, epistémica e institucional de la disciplina. Si bien la bibliotecología social acierta al señalar el impacto de las relaciones de poder en la información, concebir la etnicidad exclusivamente como un terreno de disputa política o como una categoría crítica frente a la opresión corre el riesgo de reduccionismo, pues omite el valor positivo de la etnicidad como patrimonio vivo, identidad colectiva y memoria comunitaria que merece ser desarrollada,organizada, preservada y difundida por su propio mérito cultural. Asimismo, la bibliotecología —incluso en su vertiente crítica— no puede desprenderse del todo de su función estandarizadora y organizativa, ya que las categorías de clasificación antropológicas y demográficas, aunque sujetas a sesgos que deben revisarse, siguen siendo herramientas técnicas indispensables para garantizar el acceso democrático, la interoperabilidad de sistemas y la representación precisa de la diversidad en las colecciones y los servicios. Por tanto, la etnicidad representa un equilibrio conceptual continuo puesto que exige a las bibliotecas un compromiso ético y político contra la exclusión, pero también una rigurosidad técnica que respete tanto el acceso efectivo a la información como la riqueza identitaria de las comunidades que atiende.

El pilar analítico de esta postura reside en el desmontaje de la falsa neutralidad institucional. Este supuesto valor ha servido históricamente para validar los relatos y valores del grupo dominante, invisibilizando o subordinando a las comunidades étnicas, indígenas, afrodescendientes y periféricas. Históricamente, las bibliotecas públicas y académicas han operado bajo un modelo hegemónico que, bajo el pretexto de la «universalidad», ha estado invisibilizando los saberes, las lenguas y cosmovisiones de las minorías étnicas y pueblos originarios. La bibliotecología social puntualiza que la omisión de la etnicidad equivale a la reproducción de la violencia epistemológica, conjunto de prácticas, discursos y estructuras cognitivas que invisibilizan, desvalorizan o niegan las aportaciones al conocimiento de ciertos grupos sociales por género, origen étnico, clase o nacionalidad. Proceso que invalida, silencia, devalúa o destruye las formas de conocer, interpretar y registrar la realidad de los grupos subalternizados (pueblos originarios, comunidades afrodescendientes, minorías étnicas o sectores marginados). Por ello, la etnicidad se problematiza para transformar la biblioteca en un espacio de resistencia y acogida, donde la diversidad cultural no se tolera de forma condescendiente, sino que se reconoce como un derecho inalienable a la propia memoria, a la representación digna y al acceso equitativo al conocimiento.

En el ámbito de la organización del conocimiento y los servicios, la bibliotecología social aplica una mirada decolonial al concepto de etnicidad para reestructurar las arquitecturas de la información. Esto exige, como se enfatizará más adelante, la revisión ética de los lenguajes documentales, encauzando la decolonización de catálogos y tesauros que históricamente han estigmatizado o relegado a los grupos étnicos a categorías periféricas o folclóricas. Asimismo, desde la ética del cuidado y la justicia social, implica la co-creación de colecciones y servicios junto con las comunidades, priorizando el rescate de la tradición oral, las producciones comunitarias y las lenguas vernáculas, transformando a la biblioteca en un archivo vivo de las memorias históricamente subalternizadas. Esto sugiere construir junto con las comunidades espacios donde la tradición oral, el conocimiento local y las lenguas vernáculas no se preserven como piezas estáticas de museo, sino como saberes dinámicos y vigentes. Así, la biblioteca trasciende su rol histórico de repositorio hegemónico para erigirse en un espacio vivo y un territorio de resistencia política, dedicado a la reparación histórica y a la revitalización activa de las memorias subalternizadas, esto es, de las narrativas, vivencias y construcciones del pasado de colectivos oprimidos que han sido sistemáticamente ignorados, silenciados o reprimidos por los relatos oficiales de la historia.

Además, el enfoque social de la bibliotecología vincula la etnicidad con la interseccionalidad y las dinámicas urbanas contemporáneas, reconociendo que las barreras étnicas suelen cruzarse con la pobreza, la migración, el género y la segregación territorial. En contextos marcados por la movilidad humana y las diásporas, la etnicidad se convierte en una clave operativa para que las bibliotecas actúen como bibliotecas santuario (Vincent, 2022) y centros de integración comunitaria, en donde las experiencias de lectura conforman comunidades de aprendizaje (Ortega Cortez, 2006, p. 305). Esto implica combatir el analfabetismo informacional y lingüístico, garantizar el libre acceso a recursos en lenguas maternas y ofrecer espacios seguros donde los derechos informacionales de las poblaciones étnicamente marginadas sean tutelados de forma prioritaria.

Así, la bibliotecología social entiende la etnicidad como un compromiso ético y político que apela a la praxis del propio profesional de la información. No basta con diversificar los fondos bibliográficos; es indispensable democratizar la propia profesión mediante la formación intercultural, el reclutamiento de personal procedente de diversos orígenes étnicos y la reconfiguración de la investigación en ciencia de la información hacia metodologías participativas. En última instancia, dilucidar la etnicidad desde la bibliotecología social significa reafirmar que el acceso a la información es un bien común y que las bibliotecas son instituciones sociales indispensables para la emancipación comunitaria, la reparación histórica y la construcción de una democracia plural y equitativa. Profundicemos en los siguientes apartados estos puntos de vista.

El concepto de etnicidad bibliotecaria

Este concepto representa un giro paradigmático en la praxis bibliotecaria. Su desarrollo comenzó a perfilarse a finales de la década de 1970, cuando Marie F. Zielinska (1978a, 1978b) destacó el «nuevo interés general que suscita el tema de la etnicidad y los valores étnicos» en el marco de los servicios bibliotecarios orientados a comunidades culturalmente diversas. Enfoque que más tarde fue formalizado epistemológicamente por el bibliotecario David Cohen (1980) como «ethnicity in librarianship». De modo que la expresión etnicidad bibliotecaria se entiende como el encuadre multicultural étnico en el plano de las instituciones bibliotecarias. La literatura sobre el tema muestra que desafía las nociones hegemónicas occidentales de la bibliotecología tradicional, porque trasciende la orientación de la asimilación cultural, característica de la biblioteca monolítica, para redefinir a la biblioteca como un espacio plural y multicultural (Du Mont, Buttlar y Caynon, 1994, p. 17-19) que funciona como una institución socialmente comprometida con una serie de valores fundamentales, como la equidad, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad y el respeto, entre otros, en el entorno de los grupos y comunidades vulnerables o grupos no dominantes. Así,  la etnicidad bibliotecaria se consolida como un eje promotor de los derechos culturales de las minorías y la decolonización del quehacer bibliotecario. Lo que implica transitar de una mediación paternalista e integracionista (como el modelo denominado biblioteca monolítica) hacia un paradigma de interculturalidad crítica, en el cual las colecciones, los servicios y la gestión de la memoria se construyan participativamente con las comunidades locales, garantizando así su autodeterminación cultural y la restitución de su dignidad epistémica. La transformación del ámbito bibliotecario exige asumir la decolonización en el sentido otorgado por el pensamiento crítico latinoamericano, es decir, como el desmantelamiento profundo de las formas de pensar la cultura y las estructuras de poder eurocéntricas que persisten tras la independencia política (descolonización). Por ende, en la práctica bibliotecaria de América Latina se requiere otorgar el mismo estatus epistémico a la oralidad, la memoria viva y los saberes ancestrales que al canon impreso, convirtiendo así a las bibliotecas en espacios de multiculturalidad crítica, comprometidas con la autodeterminación cultural. Desde esta óptica, concordamos cuando se asevera: “La decolonialidad se piensa entonces desde una compleja red de relaciones étnicas, raciales, sexuales, epistémicas y de género, entre otras, que permanecen enraizadas en las sociedades colonizadas y que deben ser desconstruidas para redescubrir nuestra identidad regional política y cultural”(Gordillo Sánchez, 2017 p.136-137).

En este sentido, etnicidad bibliotecaria se refiere al estudio, análisis, representación e inclusión de la diversidad étnico-racial en materia de 1) personal profesional y auxiliar, 2) comunidades usuarias y lectoras, 3) desarrollo de colecciones y 4) gama de servicios bibliotecarios y de información. Entonces, el término postula que la diversidad étnica no es un fenómeno demográfico marginal ni un problema de adaptación social, sino una dimensión intrínseca, estructural y permanente que caracteriza a la sociedad heterogénea, conformada por afroamericanos, nativos, latinos, asiáticos e hispanoamericanos (McCook, 2000). Frente a las posturas tradicionales que concebían a la biblioteca pública o académica como una herramienta neutra de aculturación, la etnicidad en la bibliotecología replantea la misión institucional hacia la equidad cultural, exigiendo que los sistemas de información reconozcan, preserven, respeten y sirvan activamente a las comunidades multiculturales. En este sentido, el pilar analítico de este concepto descansa en el rechazo categórico del modelo de asimilación y de la ideología del melting pot (crisol de culturas), los cuales buscan la homogeneización social bajo un canon ético y cultural hegemónico. En su lugar, la etnicidad en la teoría (la bibliotecología) y la práctica (la biblioteconomía) abraza el pluralismo cultural, reconociendo que los grupos minoritarios, conformados a menudo por inmigrantes, tienen el derecho inalienable de mantener su patrimonio lingüístico, histórico y tradicional. Bajo este prisma, la biblioteca deja de actuar como un filtro de asimilación anglocéntrico o eurocéntrico para convertirse en un espacio público incluyente, donde la diversidad cultural es valorada como un recurso de enriquecimiento colectivo-comunitario y no como una barrera que deba ser erradicada.

Así, la articulación entre la función social de la biblioteca y el compromiso con la diversidad exige trascender la atención homogénea para construir un vínculo activo y sensible con la pluralidad de la población. En concordancia con esto, la pertinencia del trabajo bibliotecario frente a las dinámicas comunitarias queda planteada explícitamente cuando se asevera:

La biblioteconomía está estrechamente vinculada a la etnicidad, dado que su propósito es servir a todas las personas de la comunidad; por ello, debe encontrar la manera de llegar a los individuos de todos los grupos étnicos presentes en su entorno, tanto a   quienes ya son usuarios como a quienes no lo son. Esta relación solo puede mantenerse de forma fructífera y continua mediante el desarrollo creativo de colecciones, así como a   través de programas y servicios innovadores dirigidos a dichos grupos étnicos. Para lograrlo con éxito, como profesionales debemos comprender a fondo —y con la debida sensibilidad— el papel que desempeña la etnicidad en el patrimonio, el comportamiento  y los estilos de vida de los miembros de la comunidad local. (Cohen, 1980, p. 180)

Traspasar la etnicidad del terreno teórico a la práctica operativa de la bibliotecología (o sea de la biblioteconomía) demanda trascender las intervenciones cosméticas e integrar la diversidad cultural en el corazón mismo de la gestión bibliotecaria. En el ámbito del desarrollo de colecciones, esto exige sustituir las adquisiciones folclóricas o simbólicas por políticas sistemáticas de selección y adquisición que prioricen la edición propia en lenguas originarias, el pensamiento crítico local y las voces de autoría comunitaria. En el plano técnico, supone una revisión profunda de los sistemas de organización de colecciones, actualizando los vocabularios controlados y esquemas de clasificación para erradicar sesgos eurocéntricos, invisibilizaciones términológicas o taxonomías estigmatizantes que distorsionan la representación de estas identidades. Fenómenos lingüísticos y sociales mediante los cuales se oculta, excluye o margina una realidad, identidad o grupo social a través del uso omisivo o sesgado del lenguaje. Esto ocurre cuando las palabras elegidas (o la falta de ellas) normalizan una perspectiva mayoritaria y hacen que lo diferente parezca inexistente o irrelevante. Por ende, en la mediación y los servicios de atención al público se requiere desmantelar las barreras lingüísticas, normativas y organizacionales mediante la co-creación de programas de alfabetización informacional y mediación lectora junto a los propios grupos étnicos. De este modo, la biblioteca deja de ser una institución asimilacionista o meramente receptora para transformarse como un espacio de diálogo horizontal y un entorno de información genuinamente incluyente y representativo.

Asimismo, la etnicidad en la bibliotecología replantea la naturaleza de las colecciones bibliográficas mediante el impulso a la preservación del patrimonio oral, las microhistorias y las producciones alternativas. En lugar de limitar la memoria comunitaria a la literatura impresa comercial o académica dominante, este marco conceptual sostiene que la biblioteca debe actuar como un archivo activo de la experiencia étnica. Esto abarca la recolección de historias orales, la conservación de publicaciones periódicas independientes en lenguas originarias o minoritarias, y el rescate de la memoria local directamente producida por las comunidades. Con ello, la biblioteca trasciende el rol de mera receptora de información para convertirse en un espacio de salvaguarda de memorias marginadas y así de los derechos culturales que van más allá del Articulo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pues el enfoque bibliotecológico histórico se ha concentrado casi exclusivamente en la libertad de expresión y el acceso a la información —consagrados en ese artículo—, soslayando los derechos culturales y sociales colectivos. En este sentido, las bibliotecas deben convertirse en activas defensoras de la diversidad lingüística, los saberes de los pueblos indígenas, las identidades de las minorías y la memoria comunitaria, proponiendo que la justicia social y el respeto a los derechos culturales colectivos son compromisos éticos tan fundamentales para la profesión como la libertad intelectual individual (Edwards y Edwards, 2010).

En otras palabras, más allá de la reestructuración de colecciones y programas, el concepto de «Ethnicity in librarianship» entraña una profunda revisión de las arquitecturas del conocimiento y los sistemas de información porque la bibliotecología tradicional a lo largo de tiempo, cabe reafirmar, ha construido sus lenguajes documentales, esquemas de clasificación y tesauros sobre sesgos anglocéntricos, eurocéntricos y monoculturales que invisibilizaban o distorsionaban las expresiones de las minorías étnicas. Por esto, desde la perspectiva de la etnicidad, se impone la necesidad de revisar críticamente las herramientas de organización documental como los Encabezamientos de Materia de la Biblioteca del Congreso (LCSH) o el Sistema de Clasificación Decimal Dewey. O sea, es fundamental que tanto Biblioteca del Congreso estadounidense como las principales bibliotecas de países no hegemónicos o periféricos emprendan acciones sistemáticas y continuas para analizar y modernizar los términos de materia relacionados con grupos étnicos y raciales.Tal como se ha enfatizado desde hace tiempo: “La Biblioteca del Congreso debe emprender una acción sistemática y continua para revisar y poner al día los encabezamientos de materia relativos a grupos étnicos y raciales” (Nuckolls, 1994, p. 250) para erradicar terminologías discriminatorias y desarrollar vocabularios controlados éticamente étnicos, garantizando así que el patrimonio de los diversos grupos marginados sea representado con precisión, respeto y dignidad.

Desde el siglo pasado se ha sostenido que el ser una disciplina social estructurada bajo los valores de entornos culturales dominantes, la bibliotecología/biblioteconomía ha adoptado esquemas de clasificación tradicionales —hechos desde perspectivas hegemónicas estadounidenses y europeas— que carecen de la amplitud conceptual necesaria para organizar de manera adecuada la documentación sobre estudios de personas, grupos y comunidades afrodecendientes (Bethel, 1994, p. 229). De modo que el compromiso profesional con espíritu étnico en las bibliotecas exige flexibilizar y modernizar las infraestructuras institucionales, garantizando que el personal esté preparado para emprender y adoptar vocabularios, lenguajes y categorizaciones más representativas e incluyentes. Es decir, con la finalidad de brindar genuinos servicios de biblioteca étnica, los procesos de clasificación y catalogación tienen que llevarse a cabo mediante la incorporación de tesauros controlados, ontologías locales y esquemas de metadatos respetuosos de las lenguas originarias y de las taxonomías propias de cada grupo étnico. Paralelamente, la mediación lectora y los programas de alfabetización informacional deben abandonar los enfoques de asimilación cultural para adoptar metodologías horizontales y participativas, en las que los servicios de referencia multilingües, la oralidad y la gestión de contenidos generados por la propia comunidad se integren como componentes esenciales. De esta manera, al eliminar las barreras idiomáticas, burocráticas y normativas, la infraestructura bibliotecaria no solo garantiza la accesibilidad física y digital, sino que legitima los saberes locales y consolida a las bibliotecas como espacios idóneos para la autodeterminación informativa y la preservación de la memoria cultural colectiva.

En la práctica operacional de la bibliotecología, el marco teórico de la etnicidad exige una reestructuración integral de los servicios bibliotecarios tradicionales. Esto implica transitar desde colecciones tokenistas o puramente decorativas hacia un desarrollo bibliográfico sistemático que garantice recursos multilingües y literatura producida por las propias comunidades étnicas. La expresión «colecciones tokenistas» hace referencia a la práctica de incluir de manera superficial a minorías o grupos históricamente discriminados únicamente para cumplir con una cuota, dar una falsa imagen progresista o evitar acusaciones de prejuicio. Asimismo, es pertinente involucrar el diseño de servicios al público de referencia, alfabetización informacional y programación cultural, construidos en diálogo directo con las comunidades usuarias, eliminando barreras de acceso —tanto idiomáticas como organizacionales— y asegurando que la infraestructura de información sea verdaderamente representativa. En este plano, la reestructuración integral demanda superar el modelo meramente expositivo para convertir a la biblioteca en un espacio de co-construcción epistémica y comunitaria. Llevar a la práctica un desarrollo bibliográfico auténtico para ofrecer servicios bibliotecarios étnicos, requiere adecuar los procesos técnicos de selección y adquisición mediante el conocimiento integral de la industria editorial independiente, “herramienta protagónica de la bibliodiversidad”, pues es un entorno en el que “las lenguas deben ser respetadas en su pluralidad, e incluidas en el aparato pedagógico” (Colleu, 2008, p. 76) y bibliotecario.

Otro eje clave del concepto es la articulación entre la diversidad de las comunidades y la representatividad del personal profesional dentro de las propias instituciones. La etnicidad en la biblioteconomía señala que la equidad en los servicios es inalcanzable si este personal refleja una demografía homogénea e insular. Por ello, promueve el reclutamiento, la retención y la promoción activa de bibliotecarios pertenecientes a grupos étnicos minoritarios, así como la capacitación continua de este personal en competencias interculturales, asegurando que el liderazgo institucional posea la sensibilidad y la experiencia vivencial necesarias para responder a un entorno social complejo. Desde esta arista, debemos tener en cuenta que el desarrollo de colecciones y servicios bibliotecarios equitativos requiere una base filosófica e intelectual fundamentada en la promoción activa del reclutamiento y liderazgo de personal diverso (MacCook, 2000). En este orden de ideas, este asunto exige trascender el plano cuantitativo para transformar de fondo las estructuras organizacionales y las prácticas bibliotecarias institucionales. La inclusión de profesionales de diversos orígenes étnicos en espacios de toma de decisiones no solo ayuda a democratizar el liderazgo y la gobernanza bibliotecaria, sino que estimula la revisión crítica de los modelos inherentes al desarrollo de las colecciones,  a la organización documental y a las políticas de acceso tradicionales, los cuales frecuentemente han excluido los saberes de las minorías. De este modo, la representatividad en las plantillas laborales se consolida como una condición indispensable para institucionalizar la justicia bibliográfica y garantizar que las bibliotecas operen verdaderamente como espacios plurales de representación, ciudadanía y equidad. ¿Cómo se puede definir el concepto de justicia bibliográfica en el contexto de los servicios bibliotecarios étnicos? Es el principio ético, político y técnico que busca reparar las brechas históricas de exclusión, invisibilización y sesgo eurocéntrico en el desarrollo de las colecciones, la organización documental, la preservación de los acervos y el acceso a la información bibliográfica sistematizada. Implica el compromiso intencional de garantizar que las producciones intelectuales, las memorias colectivas, las lenguas y las identidades de los pueblos originarios, comunidades afrodescendientes y minorías étnicas estén representadas en los acervos con la misma jerarquía, rigor, dignidad y respeto que el canon académico e impreso tradicional.

La dimensión crítica del concepto etnicidad bibliotecaria impacta de forma directa en la formación universitaria y en la filosofía deontológica del personal bibliotecario. Exige la decolonización de los planes de estudio en las escuelas de bibliotecología, biblioteconomía y ciencia de la información, integrando el estudio de la etnicidad, la justicia social, los derechos humanos y el multiculturalismo no como asignaturas optativas, sino como competencias centrales de la profesión. Al vincular la diversidad étnica con la libertad intelectual y los derechos civiles, la expresión "Ethnicity in librarianship" consolida una visión ética en la que la biblioteca no solo resguarda el conocimiento, sino que actúa como un bastión activo de la defensa de los valores centrales de la democracia, tales como: la justicia, la equidad, la igualdad, la libertad, el respeto y la pluralidad. Esta decolonización implica: 1) cuestionar la pretendida neutralidad de la disciplina y descentrando el canon bibliográfico del Norte Global,  así como emprender una historia crítica de las instituciones documentales; 2) integrar transversalmente las epistemologías del Sur, los saberes indígenas, afrodescendientes y comunitarios; 3) revisar las asignaturas de organización del conocimiento para formar en justicia catalográfica y lenguajes no discriminatorios; y 4) incorporar metodologías de investigación cualitativas y participativas que reconozcan a la oralidad y a la memoria viva como fuentes legítimas de saber, capacitando a las futuras generaciones de profesionales como agentes de transformación social comprometidos con los principios y valores de los derechos culturales.

En el plano metodológico, el concepto demanda la transición de un modelo paternalista de asistencia hacia una bibliotecología participativa e investigación-acción comunitaria. La etnicidad en la bibliotecología plantea que los servicios no deben ser diseñados para las comunidades étnicas desde una perspectiva vertical, sino con ellas. Esto implica constituir comités consultivos ciudadanos, establecer alianzas estratégicas con organizaciones de base comunitaria y habilitar procesos de co-curaduría en los que sean los propios grupos los que determinen sus necesidades informacionales, prioridades metodológicas y modalidades de acceso a los recursos de conocimiento. En el ámbito de la investigación científica en ciencia de la información, el enfoque de la etnicidad ha logrado introducir una ruptura con los métodos cuantitativos y positivistas homogéneos que ignoraban las variables socioetnoculturales. Ha fomentado el desarrollo de estudios de comunidades usuarias desde marcos cualitativos, fenomenológicos y etnográficos, capaces de dilucidar los comportamientos informacionales específicos, las barreras contextuales y las dinámicas particulares de búsqueda de información en grupos étnicamente heterogéneos. Esta dimensión teórica ha permitido entender que el «usuario ideal» no existe, y que la conducta ante la información está modelada por determinantes históricos, culturales, idiomáticos y sociales.

Así que la expresión «ethnicity in librarianship» se consolida como una dimensión insustituible de la responsabilidad ética del personal bibliotecario y la justicia informacional en el siglo XXI. El concepto trasciende la simple tolerancia o el festejo superficial de la diversidad para conectarse directamente con la defensa de los derechos humanos en general. En un contexto global caracterizado por la movilidad humana, la migración masiva y la persistencia de brechas sociales, abordar la etnicidad exige que las bibliotecas actúen como santuarios de inclusión y centros cívicos donde el acceso universal a la información se ejerza como una herramienta real para la emancipación, el fortalecimiento comunitario y el diálogo intercultural.

La diversidad étnica en el contexto bibliotecario

Frente a la complejidad contemporánea de la etnicidad —marcada por la globalización, las identidades híbridas y las dinámicas transnacionales—, las bibliotecas asumen una función social esencial como espacios públicos y democráticos que trascienden las visiones asimilacionistas para impulsar un diálogo intercultural genuino. Bibliotecas reconocidas como parte esencial de la esfera pública, donde la ciudadanía participe en debates sobre cuestiones culturales, sociales y políticas; donce exista la posibilidad de satisfacer la necesidad creciente de contar con un entorno social que fomente la interacción entre las comunidades usuarias y respalde la participación de todas las persona y grupos (Sugeno, Koizumi y Larsen, 2026).

Al configurarse como entornos de acogida y no discriminación, las bibliotecas responden a las necesidades de sociedades profundamente heterogéneas con el fin de ofrecer colecciones diversas, programas multilingües y servicios equitativos, y así reconozcan la interseccionalidad y las múltiples lealtades culturales sobre asuntos de comunidades migrantes y urbanas. De este modo, lejos de ser meros repositorios de información, las bibliotecas materializan su vocación social al garantizar el derecho a la memoria, la representación y la información, transformándose en plataformas activas que fortalecen la equidad, respetan los derechos humanos y consolidan un tejido social verdaderamente cohesionado e incluyente.

Esta dimensión transformadora de la biblioteca encuentra su fundamentación teórica y práctica en el concepto de «etnicidad en la biblioteconomía», el cual tematiza y operativiza la diversidad cultural como un eje estructurante de la disciplina y de la gestión de los servicios de información. Aplicar la perspectiva de la etnicidad en la biblioteconomía implica superar la mera presencia fortuita de colecciones multiculturales para adoptar un enfoque crítico y reflexivo en el diseño de catálogos, la asignación de lenguajes documentales no sesgados, la composición de los fondos y el desarrollo de competencias interculturales entre el personal bibliotecario. De este modo, la biblioteconomía responde a la complejidad de las identidades híbridas y diaspóricas contemporáneas, convirtiendo la equidad, la representación justa de las minorías y la lucha contra el sesgo eurocéntrico en principios rectores que orientan la labor diaria de la biblioteca como espacio de inclusión social y diálogo intercultural.

En el marco de la relación «bibliotecas y etnicidad», es pertinente pensar en la necesidad de transformar las instituciones bibliotecarias en espacios incluyentes que reconozcan y valoren la diversidad cultural de los pueblos étnicos. En este sentido, el enfoque intercultural busca trascender la visión tradicional del texto impreso para integrar activamente las tradiciones orales, las sabidurías ancestrales y las diversas cosmovisiones en los servicios de lectura y mediación cultural. Por ejemplo,en Colombia a través de la Guía pedagógica: ¿Cómo trabajar el enfoque intercultural étnico en las bibliotecas? ofrece sugerencias, ideas e información para incorporar el encuadre étnico en las bibliotecas públicas, con el propósito de desarticular las nociones hegemónicas de la cultura escrita occidental y democratizar los servicios de lectura, escritura y oralidad (LEO). Para lograrlo, propone reconocer las cosmovisiones y contextos de las poblaciones diversas, fomentar la participación comunitaria activa, valorar la oralidad como un sistema legítimo de transmisión de memoria y saberes, e implementar diversas formas de comunicación —como narrativas sonoras y audiovisuales— que garanticen espacios de diálogo horizontal, inclusión y respeto por la diversidad étnica y racial.

Otra perspectiva la plantea Stephen Stern (1991) en su artículo “Ethnic libraries and  librarianship in the United States”, en el que examina la evolución histórica, los modelos conceptuales y las perspectivas futuras de las bibliotecas étnicas y la bibliografía especializada en las comunidades minoritarias dentro de los Estados Unidos. El autor analiza cómo estas instituciones y servicios de información han respondido a las necesidades culturales, lingüísticas y sociales de diversos grupos étnicos en condiciones de inmigración, destacando su papel crucial en la preservación de la identidad cultural y evaluando los retos para lograr una integración más equitativa y representativa dentro de la biblioteconomía estadounidense.

Desde una arista conceptual, resulta pertinente concentrarse en el término «bibliotecas étnicas», objeto de estudio de la «biblioteconomía étnica». Este campo profesional de lectura pública está estrechamente relacionado, desde el siglo pasado, con expresiones como: «servicios de biblioteca a grupos étnicoculturales», «biblioservicio plurilingüe», «servicios multiculturales de biblioteca», «servicios étnicos de biblioteca», «servicios de biblioteca para minorías étnicas», «servicios bibliotecarios étnicos», «servicios bibliotecarios multiculturales» o «servicios de bibliotecas públicas plurilingües» (Zielinska, 1978b). Así como: «servicios bibliotecarios para grupos étnicos minoritarios», «servicios bibliotecarios para personas desfavorecidas», «servicios bibliotecarios para comunidades étnicas» y «personal bibliotecario étnico» (Simsova, 1980, p. 240-249). En este entramado de palabras clave, la biblioteconomía étnica, que apunta hacia el análisis, estudio, desarrollo y funcionamiento de las bibliotecas étnicas, representa una ruptura fundamental con el modelo bibliotecario tradicional homogénico, posicionando a las bibliotecas como agentes activos de equidad cultural, justicia social y construcción y ejercicio de ciudadanía. La heterogeneidad terminológica gestada a finales del siglo XX —expresada en conceptos que abarcan desde el plurilingüismo y los servicios multiculturales hasta la atención a grupos minoritarios o la inclusión de personal bibliotecario étnico— da cuenta de un proceso de maduración disciplinar que transitó de visiones meramente asistencialistas hacia el reconocimiento explícito de la diversidad sociocultural. De este modo, la formulación teórica de autores como Zielinska y Simsova trasciende la simple provisión de colecciones multilingües, pues implica cuestionar las hegemonías en la organización del conocimiento, diversificar los perfiles profesionales para garantizar una auténtica representatividad comunitaria y estructurar servicios de información que salvaguarden la memoria documental, el patrimonio lingüístico y la autonomía de las comunidades históricamente invisibilizadas.

Con base en esta apreciación terminológica, una biblioteca étnica se puede definir como: la institución de lectura pública orientada a responder a las necesidades culturales, informativas y de acceso de comunidades y grupos étnicos minoritarios. Este concepto está estrechamente vinculado al desarrollo de servicios bibliotecarios dirigidos a personas desfavorecidas y poblaciones étnicas específicas, así como a la integración de personal bibliotecario perteneciente a estos mismos grupos.En este sentido, el personal bibliotecario étnico  se define como el conjunto de profesionales de la información y trabajadores bibliotecarios pertenecientes a grupos étnicos minoritarios o comunidades culturalmente diversas, cuya inclusión en las instituciones bibliotecarias busca garantizar una representación auténtica, facilitar la mediación cultural y responder de manera pertinente a las necesidades lingüísticas, informativas y sociales de sus propias comunidades. Es decir, el concepto librarian ethnicity se refiere a la identidad, filiación o pertenecia étnica del personal que trabaja en las bibliotecas. Enfoque conceptual que atañe a las expresiones ethnic librarianship o ethnicity in librarianship, subdisciplina, campo de estudio o práctica profesional referente a la biblioteconomía étnica o a la etnicidad en la biblioteconomía. No obstante, como desde hace años se ha aseverado: “La contratación de bibliotecarios cualificados procedentes de grupos étnicos minoritarios no es tarea fácil” (Simsova, 1980, p. 249) por las barreras que hay que superar y los problemas que se tienen que solucionar para lograr el objetivo de conformar equipos de personal bibliotecario étnico.

Así, las colecciones étnicas o colecciones multiétnicas son el conjunto organizado de recursos documentales, bibliográficos, audiovisuales y multiformato —disponibles en lenguas originarias, vernáculas o de minorías lingüísticas— diseñados explícitamente para reflejar, preservar y difundir la historia, la literatura, los saberes locales, la memoria histórica y la producción intelectual y cultural de grupos étnicos minoritarios, comunidades originarias y poblaciones de migrantes, refugiados y exiliados. Además, el desarrollo de colecciones étnicas constituye una herramienta clave de justicia bibliográfica y representación de la diversidad dentro de las instituciones de lectura pública, escolar y académica(Johnson-Cooper, 1994). Lejos de ser acervos estáticos o meramente folclóricos, estas colecciones permiten contrarrestar los sesgos eurocéntricos o hegemónicos en el desarrollo de colecciones, asegurando que las comunidades usuarias, pertenecientes a grupos a menudo marginados, encuentren contenidos culturalmente pertinentes que afirmen su identidad, al tiempo que ofrecen a toda la sociedad un recurso abierto para el diálogo intercultural y el aprendizaje mutuo.

Conclusiones

El estudio de la etnicidad bibliotecaria —desde sus antecedentes pioneros a finales de la década de 1970 hasta su posterior formalización epistemológica— demuestra que la incorporación de la dimensión étnica no constituye un mero ajuste técnico ni un gesto multicultural superficial. Por el contrario, representa un giro paradigmático que cuestiona la pretendida neutralidad e imparcialidad de la bibliotecología tradicional, visibilizando los sesgos eurocéntricos, monoculturales e integracionistas sobre los que históricamente se han erigido los sistemas de información y las instituciones bibliotecarias.

La articulación entre la diversidad étnica y la bibliotecología social exige una postura decidida a favor de la decolonización del quehacer bibliotecario y la justicia epistémica. Esto implica trascender el enfoque de la asimilación cultural para asumir a la biblioteca como un espacio intercultural de resistencia y diálogo horizontal. En la praxis operativa bibliotecaria, dicho compromiso demanda la revisión crítica de las herramientas de organización del conocimiento —como clasificaciones y tesauros de sesgo colonial— y el reconocimiento de la oralidad, los saberes ancestrales y la memoria comunitaria con la misma validez que el canon impreso.

La incorporación de estas perspectivas en la formación profesional y en la reestructuración de los planes de estudio resulta indispensable para consolidar una bibliotecología crítica. Cuestionar la hegemonía del texto impreso y capacitar a las futuras generaciones en justicia social, diversidad lingüística y metodologías participativas garantiza que el profesional de la información actúe como un verdadero agente de transformación social, capaz de co-construir colecciones y servicios de la mano con las comunidades históricamente subordinadas.

Concebir la etnicidad y la inclusión dentro del ámbito bibliotecario significa posicionar a la biblioteca como una institución comprometida con la garantía plena de los derechos culturales colectivos y la dignidad de los pueblos. Al superar la visión puramente utilitaria de la información, el quehacer bibliotecario se reafirma como un pilar imprescindible para la emancipación social, la equidad, la solidaridad y la construcción de espacios profundamente democráticos y multiculturales.

De tal modo que la biblioteconomia étnica (ethnic librarianship) se consolida no solo como una subdisciplina especializada, sino como una imperativa postura ética, política y praxiológica dentro de la «bibliotecología crítica social». Al centrar su atención en la intersección entre etnicidad, diversidad e inclusión, este enfoque desafía las inercias asimilacionistas e instituye un marco de justicia epistémica que reconoce a las comunidades históricamente subordinadas como sujetas de derecho y co-creadoras de la memoria documental. De este modo, la biblioteconomía étnica trasciende la mera prestación de servicios multiculturales superficiales para erigirse en un pilar fundamental de la decolonización del quehacer bibliotecario, garantizando la autodeterminación cultural y la salvaguarda de los derechos culturales colectivos en las bibliotecas contemporáneas.

Referencias

Bari, María Cristina. (2002). La cuestión étnica: aproximación a los conceptos de grupo étnico, identidad étnica, etnicidad y relaciones interétnicas. Cuadernos de Antropología Social, Nº 16, pp. 149-163.

Barth, Fredrik (comp.). (1976). Los grupos étnicos y sus fronteras: a organización social de las diferencias culturales. México: Fondo de Cultura Económica.

Bethel, Kathleen. (1994). Culture keepers: cataloging the Afrocentric way. In Deborah A. Curry, Susan Griswold Blandy, Lynne M. Martin, eds. Racial and ethnic diversity in academic libraries, pp. 221-240. Nwe York: The Haworth Press.

Cohen, David. (1996). Do we need a more precise definition of multiculturalism? EMIE Bulletin 14 (Winter).

Cohen, David. (1980). “Ethnicity in librarianship: a rationale for multiethnic library services in a heterogeneous society”. Library Trends, 29, (2), p. 179-190.

Cohen, David. (1975). Multi-ethnic media: selected bibliographies in print. Chicago: Office for Library Service to the Disadvantaged, American Library Association.

Cohen, David, and Laurence Sherrill. 1982. A model and course of study for library school ethnic curricula. Ethnic Forum 2 (Spring): 51–58. (Related unpublished report: Cohen, David, and Laurence Sherrill. Ethnicity in Library Schools: Guidelines and Curricular Models, ca. 1982.)

Colleu, Gilles. (2008). La edición independiente: como herramienta protagónica de la bibliodiversidad. Buenos Aires: la marca editora.

Colombia. Secretaría  de Cultura, Recreación y Deporte. Red Distrital de Bibliotecas Públicas de Bogotá - BiblioRed. (s.f.). Guía pedagógica: ¿Cómo trabajar el enfoque intercultural étnico en las bibliotecas? https://lix.li/l19oE6

Du Mont, Rosemary Ruhig; Buttlar, Lois; Caynon, William Alvin. (1994). Multiculturalism in libraries. Westport, Connecticut: Greenwood..?

Edwards, Juli Biando; Edwards, Stephan P.  (2010). Beyond article 19: libraries and social and cultural rights. Duluth, Minnesota: Library Juice Press.

Garcês-da-Silva,Franciéle Carneiro. (2025). “La línea tenue que une y separa: fundamentos teórico-conceptuales entre Bibliotecología Negra y Bibliotecología Antirracista”. Palabra Clave, 14(2),e242,1-19. https://www.redalyc.org/journal/3505/350581162003/350581162003.pdf 
https://lix.li/yNvjT

García Martínez, Alfonso. (2004). A vueltas con la etnicidad: ¿de qué sirve el concepto de ‘etnia’? Educatio Siglo XXI,22, p. 139-156.

Gordillo Sánchez, Daniel Guillermo. (2017). Decolonización, bibliotecas y América Latina: notas para la reflexión. Investigación Bibliotecológica, 31(73), p. 131-155.

Johnson-Cooper, Glendora. Bulding racially diverse collections: an afrocentric approach. InDeborah A. Curry, SusanGriseold Blandy , Lynne M. Martin, eds. Racial and ethnic in academic libraries: multicultural issues, p. 153-170. New York: The Haworth Press.

McCook, Kathleen de la Peña(2000). Ethnic diversity in library and information science. Library Trends, 49(1), p. 1-5.

Molina Ludy, Virginia (2007 ). La construcción del conocimiento en antropología. En Cardoso de Oliveira, Roberto. Etnicidad y estructural social (p. 17-28?). México: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social: Universidad Autónoma Metropolitana: Universidad Iberoamericana.

Nuckolss, Karen. (1994). Subject acess to diversity materials: the Library of Congres Subject Heading shortfall. In Deborah A. Curry, Susan Griswold Blandy, Lynne M. Martin, eds. Racial and ethnic diversity in academic libraries, pp. 241-251. Nwe York: The Haworth Press.

Ortega Cortez, Florencia Patricia. (2006). Comunidades y trayectorias de lectura en la biblioteca pública. Un estudio etnográfico en el municipio de Chalco, Estado de México. Revista Mexicana de Investigación Educativa, 11(28), p. 293-315.

Río Ruiz, M. Ángel. (2024). Visiones de la etnicidad. Revista Española De Investigaciones Sociológicas, (98), p. 79–106.

Simsova, Sylvia. (!980). Library Training for Services to Minority Ethnic Groups: Concepts and General Principles. Library Trends, 29(2), p.245-258.

Stern, Stephen. (1991). Ethnic Libraries and Librarianship in the United States: Models and Prospects». En Irene P. Godden, ed. Advances in Librarianship, 15, p.77–102. San Diego: Academic Press.

Sugeno, Yuki; Koizumi, Masanori; Larsen, Hákon. (2026). Broadening the concept of public libraries as a public sphere: connecting political philosophy and library practice. Journal of Documentation, p. 1-17. Vol. ahead-of-print No. ahead-of-print  https://doi.org/10.1108/JD-10-2025-0317

Vincent, John. (2022). Libraries and sanctuary: supporting refugees and other new arrivals. London: Facet Publishing.

Zaragoza Contreras,Laura G. (2010). Cultura, identidad y etnicidad, aproximaciones al entorno multicultural: rompiendo costumbres y paradigmas cotidianos. Cuicuilco, (48), p. 149-164.

Zielinska, Marie F. (1978a). Multiculturalism and library services to ethnic communities. Unesco Bulletin for Libraries, 32 (1), p.15-22.

Zielinska, Maria F. (1978b). Pluriculturalismo y servicios de bibliotecas a las comunidades étnicas. Boletín de la Unesco para las Bibliotecas. 32(1), p. 16-24.

Zielinska, Marie. (1980). Public library services to Canadian ethnocultural communities: an overview. Library Trends, 29 (2), p. 275-292.


   6 Leituras


Saiba Mais





Sem Próximos Ítens

Ítem Anterior

author image
CENSURA HISTÓRICA A LOS CONTENIDOS DE DIVERSIDAD, EQUIDAD E INCLUSIÓN EN LAS BIBLIOTECAS DE ESTADOS UNIDOS
Outubro/2026



author image
FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.