EL DILEMA DE GESTIÓN EN LA BIBLIOTECA CENTRAL DE LA UNAM: INFRAESTRUCTURA VS. SERVICIOS
La Biblioteca Central de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en su doble carácter de repositorio bibliográfico académico nacional (pues pertenece a una Universidad Nacional) y corazón pedagógico de la comunidad universitaria, ha estado enfrentado una tensión crítica entre la necesaria modernización de sus espacios y la continuidad de sus funciones sustantivas. El cierre prolongado de la planta baja, que alberga la Colección de Literatura y el Servicio de Referencia, representa un fenómeno de "exclusión espacial" que merece un análisis desde la Biblioteconomía social y la Ética del cuidado institucional.
En el contexto teórico de la Biblioteconomía social, el espacio de la Biblioteca Central de la máxima Casa de estudios de México no es un contenedor neutro de libros, sino un entorno de socialización del conocimiento en el nivel universitario. La planta baja de esa Biblioteca es, simbólicamente, la puerta de entrada al universo de la información bibliográfica al servicio de la comunidad de la UNAM. Al cerrar el acceso a la literatura, se ha estado amputando la función lúdica y humanística de la Biblioteca. Para muchos estudiantes, docentes e investigadores la literatura es el puente entre la lectura necesaria y el hábito lector crítico. El confinamiento de la Colección de Literatura por trabajos de remodelación iniciados en 2025 ha generado un vacío cultural significativo. Para la comunidad universitaria, la literatura no es solo ocio; es una herramienta transversal de formación humanística. La Colección de Literatura en la planta baja funciona como el pulmón humanístico de la UNAM. Su cierre envía un mensaje implícito: la recreación y la sensibilidad estética son prescindibles frente a la operatividad técnica o la burocracia de la obra civil.
Foto: Gaceta UNAM
Un año de obras representa, en términos académicos, dos semestres críticos para miles de estudiantes. La interrupción del préstamo a domicilio de narrativa, poesía y ensayo afecta también a quienes no cuentan con los recursos económicos para adquirir libros de forma privada. Cuando un servicio esencial se suspende por periodos tan dilatados, se corre el riesgo de que la comunidad usuaria pierda el hábito de asistencia al espacio físico, debilitando el tejido social que la biblioteca construye como "tercer lugar". Al priorizar la infraestructura física, se ha descuidado el valor del lugar. La Biblioteca Central de la UNAM, al ser Patrimonio de la Humanidad, tiene la carga adicional de ser un monumento; modernizarla sin detener su pulso pedagógico debió, desde la planificación de la remodelación, requerir una gestión de alta precisión, la cual falló en los tiempos de ejecución. Si bien la actualización de instalaciones (seguridad, conectividad, habitabilidad) es indispensable para la preservación a largo plazo, la crítica académica apunta a la necesaria planeación de contingencias. Así, la falta de estrategias de acceso alternas —como servicios de recuperación bajo demanda o estanterías temporales en otros niveles— sugiere pensar que se priorizó la obra civil sobre la misión de servicio.
El Servicio de Referencia no es un componente periférico; es el nodo articulador entre la duda del usuario y la vastedad del acervo; entre la pedagogía de la pregunta-respuesta en las diversas áreas del conocimiento. Al suspender este servicio de manera presencial por largo tiempo, se ha roto la mediación pedagógica. Es decir, el servicio de consulta en el escenario de una bibliotecas académica o universitaria es el corazón de la "alfabetización informacional" en diferentes sentidos. Su ausencia física desplaza a la comunidad de usuarios, obligándola a navegar solo en un mar de datos digitales y enfrentarse a una ausencia desconcertante de colecciones impresas, eliminando así la figura del personal bibliotecario profesional como guía ético y técnico. La ausencia del personal bibliotecario referencista en su sitio de servicio ha estado desplazando la carga de la búsqueda hacia una comunidad de usuarios que, aunque digitalmente nativa, a menudo carece de las competencias informacionales para localizar y navegar colecciones complejas sin guía. El impacto se ha traducido en exclusión espacial porque afecta desproporcionadamente a quienes no cuentan con conectividad o espacios de estudio dignos en sus hogares, convirtiendo un espacio público en un territorio de "acceso interrumpido", detenido durante varios meses. En otras palabras, la consulta de diccionarios, enciclopedias y otras fuentes primarias y secundarias de datos —muchas de ellas no digitalizadas por restricciones de derechos de autor o por otros intereses— queda en un limbo que frena investigaciones y trabajo docente de pregrado y posgrado.
Foto: UNAM Global
Bajo la lupa de la Biblioteconomía social, se puede cuestionar la ética detrás de las decisiones de infraestructura. La incertidumbre sobre las fechas de reapertura ha generado una desconexión entre la administración de la biblioteca y su comunidad lectora y usuaria, vulnerando el principio de transparencia y el compromiso de la biblioteca como "espacio universitario" para el estudio y la investigación. Si la biblioteca es el "corazón pedagógico", el cierre prolongado ha sido equivalente a una arritmia institucional. Debemos tener presente que las funciones sustantivas (investigación, docencia y difusión) de la Universidad dependen del flujo libre entre la comunidad usuaria y las diversas colecciones de libros, revistas, periódicos y otros tipos de documentos.
La remodelación de la Biblioteca Central es una inversión en el futuro del patrimonio de México, pero no debe ejecutarse a costa del presente de su comunidad. Es imperativo aclarar que la gestión bibliotecaria debió implementar medidas paliativas urgentes: puntos de referencia móviles, entrega programada de libros de literatura y una comunicación proactiva que mitigue la sensación de abandono entre la comunidad usuaria. Pero esto en práctica no ha sucedido. Bajo la lupa de la fenomenología del espacio y la sociología del conocimiento, la Biblioteca Central no es solo un edificio; es un organismo vivo de información y conocimiento donde la arquitectura de Juan O'Gorman se encuentra con la praxis (pensamiento + acción) académica cotidiana. De tal manera que esa Biblioteca es flujo y presente. Es el espacio donde la comunidad estudiantil de licenciatura tiene su primer encuentro con la investigación disciplinada y rigurosa. Mientras el "repositorio" exige orden y resguardo, el de esta Biblioteca exige acceso, ruido intelectual y cercanía física con los libros, revistas y periódicos. El cierre de la Biblioteca Central no ha sido una simple "molestia logística", es una interrupción de la trayectoria académica.
El concepto «ética del cuidado institucional», derivado de las teorías de Joan Tronto (teórica política feminista estadounidense) aplicadas a las organizaciones, sugiere que las instituciones bibliotecarias tienen la responsabilidad moral de mantener y continuar servicios al público. Una gestión que prioriza el mantenimiento del inmueble, pero pasa por alto la necesidad de acceso a la información de la comunidad lectora y usuaria está operando bajo una ética burocrática, no una ética del cuidado. La falta de cronogramas claros o de alternativas de acceso físico durante el cierre representa una ruptura del "contrato de cuidado" entre la autoridad bibliotecaria universitaria y su comunidad. El cuidado institucional implica haber habilitado espacios y servicios continuos equivalentes, no simplemente clausurar los servicios bibliotecarios presenciales en general y los de la planta baja en particular del icónico edificio de esa Biblioteca Central. Una «ética bibliotecaria del cuidado» dicta evitar la suspensión del acceso a la información y el abandono de la comunidad usuaria ante la modernización necesaria del inmueble. En este sentido, la institución debió garantizar espacios alternos de calidad similar. Mantener el cierre sin alternativas tangibles se puede interpretar como una forma de negligencia administrativa que ha priorizado el continente (el edificio) sobre el contenido (la comunidad).
Desde la Biblioteconomía social, la reivindicación de la Biblioteca Central de la UNAM implica pensar y repensar el espacio. La comunidad universitaria debe ver la próxima reapertura no como una concesión administrativa, sino como la recuperación de un derecho cultural. En un contexto de crisis social y desinformación, la Biblioteca Central debe reafirmarse como un lugar seguro; un "tercer espacio" que garantice el encuentro físico con la información y el conocimiento. La parálisis de los servicios bibliotecarios y de información en esa biblioteca académica es un recordatorio de que la técnica (la obra, la modernización) nunca debe estar por encima del propósito (el servicio para la formación humana), pues ese recinto cultural es un espejo fundamental de la Universidad. S-i parte del mismo está cerrado, el diálogo con la sociedad en general y la comunidad universitaria en particular se ve truncado.
La Biblioteca Central debe resolver esta tensión reconociendo que su valor consiste tanto en el acervo que conserva como en la consulta que permite. Desde otro punto de vista, la suspensión de servicios esenciales al público debe ser leído como un estado de excepción que vulnera el derecho a la educación universitaria integral, lo que exige una rendición de cuentas que trascienda lo arquitectónico para tocar lo éticamente bibliotecario.
Ciudad Universitaria
Mayo de 2026