BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

LENIN: BIBLIOTECAS E INSTRUCCIÓN PÚBLICA PARA LA CLASE TRABAJADORA

Vladimir Ilich Uliánov (1870-1924), conocido mundialmente como Lenin, fue uno de los principales intelectuales revolucionarios del proletariado, es decir, líder de la clase social de trabajadores que no poseen los medios de producción y que viven de su fuerza de trabajo. Preocupado por la insuficiente instrucción de la clase trabajadora, puso especial atención al tema de las bibliotecas. Estas instituciones de servicio público debían apoyar la lucha por la liberación de la conciencia de las masas obreras de las falsas ideas y prejuicios que propugnaba la burguesía liberal; debían contribuir a elevar la conciencia cívica y de clase de las masas para que se sumaran al proletariado revolucionario. Obreros y campesinos que no se apartaran del punto de vista de clase, que marcharan unidos con la vanguardia obrera consciente. El proletariado no podía ser un ente improvisado, debía ser una clase social interesada por el estudio, la lectura, el autoaprendizaje y la coherencia revolucionaria. Los obreros con conciencia de clase tenían que forjar firmes convicciones, basadas en el conocimiento adquirido en libros, revistas y periódicos, en la información organizada sobre la teoría marxista disponible en las bibliotecas. Sin una cabal instrucción política de las masas, apuntalada en la suma información + conocimiento, era imposible pensar en lograr la conformación de una informada, educada e ilustrada democracia proletaria, contraparte de la democracia burguesa rusa, monárquica y liberal, y en la que el acceso a las bibliotecas se obstaculizaba en virtud del funcionamiento de una biblioteconomía conservadora. La tarea de una nueva biblioteconomía consistía, según la percepción de Lenin, en ligar la información con el conocimiento para la organización socialista de la sociedad.

Lenin en su estudio del Kremlin (Marxists Internet Archive)



Lenin, como gran lector libros y asiduo usuario de las bibliotecas zaristas y de varios países europeos, supo entrever que estos recursos eran necesarios para organizar un proletariado revolucionario, capaz de comprometerse con el proyecto de una revolución social para así transformar el sistema político, social, económico y cultural existente; un proletariado avezado con el fin de acabar con la explotación capitalista y establecer un nuevo orden social. Un proletario revolucionario, comprometido con la idea de una revolución social, debía luchar para transformar el sistema político y económico existente. Esta clase social, en la teoría marxista, se caracteriza por no tener propiedad significativa de los medios de producción y por tener que vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. De modo que el proletariado revolucionario de esos tiempos buscó, a través de la revolución, acabar con la explotación capitalista e instaurar un nuevo orden social. Desde esta perspectiva, la praxis bibliotecaria de Lenin se afianzaría en la relación «bibliotecas y revolución». Es decir, con base en la concepción marxista, las instituciones bibliotecarias debían participar en el proyecto de instrucción pública dirigida a la clase trabajadora; tenían que ser parte de la vanguardia cultural del proletariado revolucionario.

Se sabe que el funcionamiento de las instituciones bibliotecarias en tiempo de la Rusia zarista, periodo de la historia que gobernó ese país la dinastía Romanov, desde el siglo XVI hasta la Revolución de 1917, dejaba mucho que desear. El escrito de Lenin “Qué se puede hacer para la instrucción pública”, publicado en el periódico Rabóchaya Pravda el 18 de julio de 1913, constata el estado que en ese tiempo guardaban los servicios bibliotecarios para el pueblo ruso, en contraste con el desempeño de esos mismos servicios en regiones con influencia cultural occidental. En ese escrito, Lenin usa la figura retórica de la ironía para dar a entender lo contrario de lo que a su juicio debía ser en materia de práctica bibliotecaria para informar, educar e ilustrar al pueblo, a las masas. Al respecto, comienza aseverando categóricamente:

En los Estados occidentales se han extendido no pocos hediondos prejuicios de los que está libre la Santa Madre Rusia. Por ejemplo, existe la idea de que las grandes bibliotecas públicas, que poseen cientos de miles y hasta millones de volúmenes, no deben ser en modo alguno patrimonio exclusivo del puñado de sabios y de científicos de pega que se sirven de ellas. Allí se proponen el extravagante, incomprensible y bárbaro objetivo de hacer asequibles estas enormes y riquísimas bibliotecas no ya al gremio de los científicos, catedráticos y otros especialistas, sino a las masas, a las muchedumbres, a la gente de la calle.

La idea de Lenin fue clara. La tendencia de la biblioteca moderna con la que concordaba era la de poner sus colecciones y servicios a disposición de las masas. Por lo tanto, no estuvo de acuerdo con el quehacer bibliotecario burocrático del régimen zarista. Para él, los cuantiosos acervos de libros de las “grandes bibliotecas públicas” debía dejar de ser “patrimonio exclusivo” de la comunidad académica privilegiada. Lenin en este sentido pensó en el funcionamiento de bibliotecas incluyentes; de bibliotecas asequibles; de bibliotecas vanguardistas para la gente común y corriente, para aquellas comunidades que no pertenecían a la élite o a grupos especiales. Las “bibliotecas enormes y riquísimas” debían, según su parecer, estar al servicio de las multitudes, de la multiplicidad social de personas y grupos subalternos, de los muchos, de las mayorías. Servicio de lectura para los de abajo, en oposición solamente al servicio de los pocos o de la minoría. De tal suerte que aquel líder bolchevique observó y experimentó que las bibliotecas son instituciones dinámicas que desempeñan un papel crucial como catalizadores del cambio social; como "armas" poderosas en la lucha por un mundo más justo e igualitario.

Dado el papel de Lenin como revolucionario, él tuvo la convicción que las revoluciones no solamente se luchan con armas, sino también con ideas contenidas en libros, revistas y periódicos. Así, las bibliotecas las concibió como poderosas armas que suministran información, conocimiento y sistemas de ideas, o sea, ideologías. Por esto, no estuvo de acuerdo con el trabajo bibliotecario moroso u oficinesco característico en la Rusia de los zares, el cual impedía la circulación de libros, obstaculizaba el uso de estos objetos culturales de lectura y disminuía el servicio de préstamo de libros a domicilio, a diferencia del quehacer bibliotecario llevado a cabo en los países occidentales. Leamos:

iQué profanación de las bibliotecas! Cuánto se nota la falta de ese "orden" del que tan legítimamente podemos enorgullecernos nosotros. En vez de reglamentos (правил) discutidos y confeccionados por una decena de comisiones burocráticas que inventan mil formalidades y restricciones para el uso de los libros, allí ponen atención en que hasta los niños (дети) puedan utilizar las ricas colecciones de libros, se preocupan de que el lector pueda leer en casa los libros de las bibliotecas públicas, ven el orgullo y la gloria de las bibliotecas públicas no en los raros volúmenes que atesoran, en tantas o cuántas ediciones del siglo XVI o manuscritos del siglo X, sino en la amplitud con que circulan los libros entre el pueblo (в народе), en el número de nuevos lectores, en la rapidez con que se sirve cualquier demanda de libros, en los ejemplares entregados para leer a domicilio, en el número de niños que se han aficionado a la lectura y acuden a las bibliotecas… ¡Son extraños los prejuicios difundidos en los países occidentales, y no podemos por menos de congratularnos de que nuestras celosas autoridades nos preserven solícita y escrupulosamente del influjo de estas aberraciones y pongan nuestras ricas bibliotecas públicas a resguardo de la gente de la calle, de la plebe!

New York Public Library, 1910.- Archives Unit. NYPL


Basándose en una publicación (1911) de la Biblioteca Pública de Nueva York, Lenin destacaría algunos datos cuantitativos-cualitativos que reflejaban en ese tiempo el eficaz desempeño de esa institución social de servicio para “la mayoría de la población”. Así, escribió:

  • La biblioteca, que ocupaba dos viejos edificios, ha sido trasladada aquel año a uno nuevo; construido por la ciudad. Su fondo de libros comprende hoy casi dos millones de volúmenes.
  • Durante aquel año visitaron la biblioteca 1.658.376 lectores. La sala de lectura fue frecuentada por 246.950 personas, que pidieron leer 911.891 tomos.
  • Pero estas cifras solo representan una pequeña parte de la circulación de libros (книжного оборотa) de la biblioteca.
  • La Biblioteca Pública de Nueva York tiene cuarenta y dos (сорок два) filiales en tres distritos de la ciudad, Manhattan, Bronx y Richmond (con una población global de casi tres millones de habitantes) y pronto tendrá 43.
  • En 1911 se entregaron a domicilio casi ocho millones (восемь миллионов) de libros (7.914.882), 400.000 más que en 1910. Por cada cien habitantes de uno y otros sexos y de todas las edades se entregaron a domicilio 267 libros durante el año.
  • Cada una de las 42 filiales, además de que en ellas se pueden leer libros de consulta y recibir libros a domicilio, se utiliza por las tardes como local para conferencias, asambleas públicas y distracciones instructivas.
  • La biblioteca posee unos 15.000 libros en idiomas orientales, cerca de 20.000 en hebreo y casi 16.000 en lenguas eslavas.
  • En los estantes abiertos (открытых полках) de la sala principal de lectura hay 20.000 volúmenes aproximadamente a la libre disposición de los lectores.
  • Para los niños se ha instalado en la biblioteca una sala especial de lectura, que es la principal, y se irán abriendo otras en las filiales.
  • Los bibliotecarios se preocupan de que los niños tengan todas las comodidades y les orientan en la lectura.
  • Se entregó a los niños para leer en casa 2.859.888 volúmenes, o algo menos de tres millones (más de la tercera parte del total). El número de lectores infantiles que acudió a la biblioteca fue de 1.120.915.
  • En cuanto a los libros perdidos, la Biblioteca Pública de Nueva York fija su número en 70, 80 ó 90 tomos por cada 100.000 libros entregados a domicilio.


Como se puede observar, aquel intelectual del proletariado puso especial atención a los principales indicadores de esa gran biblioteca pública estadounidense: el edificio, la cantidad de los fondos bibliográficos, la frecuencia de lectores que solicitaron libros en la sala de lectura, la distribución y el funcionamiento de bibliotecas sucursales en algunos distritos de New York, la cantidad de libros prestados a domicilio, la sala de lectura para la niñez, el número de lectores infantiles atendidos para llevar a casa libros prestados, y el número de libros extraviados o no devueltos que se concedieron llevar a domicilio. Lenin también reconoció los servicios de extensión bibliotecaria que la Biblioteca Pública de New York prestó durante ese año a través de las bibliotecas filiales. No pasó por alto la diversidad lingüística de las colecciones. Otros aspectos importantes que remarcó con letra cursiva: la circulación de libros, la elevada cantidad de libros prestados a domicilio, el número de bibliotecas filiales públicas y, algo muy importante, el servicio de estantería abierta. En torno a las bibliotecas sucursales, consideró que constituían “el centro (центром) de toda clase de actividades relacionadas con la instrucción pública.”

En concordancia con su mirada biblioteconómica empírica, podemos aseverar que Lenin tuvo claro el valor social, político, económico, cultural e ideológico de las bibliotecas. Así, en el mencionado escrito él afirmó: “La organización radical de la obra educativa se mide por el número de libros entregados para leer en casa y por las comodidades que se facilitan a la mayoría de la población (большинству населения).” En otras palabras, la organización del trabajo bibliotecario, en el marco de la instrucción pública, se valora desde una justa dimensión por la cantidad de libros prestados a domicilio, por la libre circulación de las colecciones entre el pueblo. Desde esta arista, para Lenin las bibliotecas debían ser parte de la avanzada del movimiento de liberación de la clase trabajadora. Esto implicaba contar con servicios bibliotecarios capaces de innovar, mejorar y experimentar para así romper con las concepciones, normas y políticas biblioteconómicas establecidas por el régimen zarista. La idea leniniana fue gestionar bibliotecas vanguardistas.

Con base en su escrito “Qué se puede hacer para la instrucción pública”, es posible enumerar las ideas fundamentales en torno a lo que Lenin consideró relevante sobre el funcionamiento de esa gran biblioteca pública:

  1] Garantizar la accesibilidad de libros en las bibliotecas para la clase trabajadora.

  2] Promover la inclinación de las masas populares hacia los libros.

  3] Impulsar la libre circulación de libros entre la población.

  4] Activar el préstamo de servicio bibliotecario de libros entre el pueblo.

  5] Organizar trabajo bibliotecario que propicie la lectura masiva.

  6] Mejorar el uso social de los libros y las bibliotecas entre las masas.

  7] Convertir las bibliotecas filiales en centros comunitarios dinámicos.

  8] Procurar el servicio de estantería abierta en las bibliotecas.

  9] Atender mediante el servicio de biblioteca a la comunidad de lectores infantiles.

10] Propiciar la diversidad lingüística en el desarrollo de las colecciones.

11] Minimizar el tema de los libros extraviados versus los libros prestados a domicilio.

Finaliza su elocuente escrito diciendo: He ahí, pues, cómo marcha este asunto en Nueva York. ¿y qué tal anda en nuestro país?

Así Lenin observó desde entonces la posibilidad de incorporar elementos de un sistema de biblioteconomía burguesa a un sistema de biblioteconomía socialista. Mediante esta postura, aquel revolucionario de la clase proletaria demostró un enfoque pragmático en relación con la construcción del socialismo en un periodo histórico específico.  Consideró, siendo ya jefe del primer Estado socialista, la introducción controlada de prácticas bibliotecarias occidentales no como una desviación ideológica, sino como una maniobra táctica necesaria para superar el atraso de su país en materia de bibliotecas; no como un alejamiento de la teoría marxista, sino para así sentar las bases de una instrucción pública requerida para construir una sociedad socialista avanzada. Es decir, estimó la posibilidad de poner en práctica una biblioteconomía moderna en Rusia, pero no para perpetuar los valores, las estructuras y los intereses de la clase burguesa dominante, elemento característico del sistema social capitalista. Sino para ir perfilando su aspiración en torno a contar con bibliotecas accesibles para la clase trabajadora; bibliotecas con puertas y estanterías abiertas incluso para todo el pueblo. Anhelo que se haría realidad a partir del día que asumió el poder del Estado socialista, proclamado el 7 de noviembre de 1917 (25 de octubre según el calendario juliano entonces en uso en Rusia) tras la Revolución de Octubre liderada por el Partido Bolchevique, del cual Lenin fue el principal adalid.

Nota aclaratoria

Se consultó el escrito aludido en tres idiomas: español, inglés y ruso. Se percibió que la traducción de algunas palabras clave del ruso al español e inglés difiere. Por ejemplo, en las obras editadas en las imprentas de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), las traducciones al español se registra el término “instrucción pública”; en tanto otras traducciones este concepto se escribe como “educación pública”. En este sentido, para el presente discurso se escogió la primera locución, pues “instrucción pública” se refiere con más propiedad a la formación de una ciudadanía culta y, sobre todo, comprometida con la construcción de la sociedad bajo los valores y principios marxistas-leninistas, entre ellos la universalidad, la gratuidad, la obligatoriedad, la laicidad, el colectivismo, la diversidad étnica, la alfabetización masiva, la vinculación de la teoría con la práctica del trabajo y la centralización y planificación estatal.

Un caso especial fue la expresión “estanterías descubiertas” que aparece en la versión en español de las Obras Completas, tomo 23, editado por la Editorial Progreso de la URSS; en las Obras Completas, volumen XX, editado por la editorial Akal esa palabra clave se traduce como “estantes de acceso libre”. En este caso, se optó por la traducción “estantes abiertos” (open shelves) que aparece en las compilaciones de A. Z. Okorovov (2003) y de Konstantin Ivanovich Abramov (1983 y 1987), pues открытых полках se traduce como “estantes abiertos”, término en ruso que aparece en las Полное собрание сочинений, Tom 23 (Obras completas, Tomo 23).

Cabe mencionar que el libro más detallado, organizado y completo sobre la vida/obra revolucionaria de Lenin en relación con los libros y las bibliotecas, es la tercera edición, revisada y aumentada de 1987 (издание третье, переработанное и дополненное, с 1987 года), intitulada: В.И. Ленин и библиотечное [Lenin y la biblioteconomía], compilada por Konstantin Ivanovich Abramov (Константин Иванович Абрамов) (1920-2001), quien llegó a ser el bibliotecario, profesor e investigador ruso-soviético quizá más experto sobre el legado biblioteconómico leniniano. Durante muchos años Abramov fue el organizador y compilador de las obras de V.I. Lenin y de N. K. Krúpskaya sobre asuntos referentes a la bibliotecología, biblioteconomía y bibliografía. Así, participó en la selección de documentos, su análisis y preparación para la publicación de esas compilaciones. 

Referencias

Lenin, V. I. (2003). “What can be done for public education”. A. Z. Okorokov, comp. Lenin and books (pp.116- 118). Honollulu, Hawaii. University Press of the Pacific. .

Lenin, V. I. (1983). “What can be done for public education”. K. I. Abramov, comp. Lenin and library organization (pp.29-31). Moscow: Progress Publishers.

Lenin, V. I. (1984). “Que se puede hacer para la instrucción pública”. Obras completas (pp. 370-372). Tomo 23, Marzo-septiembre de 1913. Moscú: Editorial Progreso.

Lenin, V. I. (1984). “Que se puede hacer para la instrucción pública”. Obras completas (pp. 25-27). Tomo XX, Julio de 1913-febrero de 1914. Moscú: Akal Editor.

Ленин, В. И. (1973). “Что можно сделать для народного образования”. Полное собрание сочинений (ctp. 348-350). Tom 23. Март-сентябрь 1913 г. Москва: Издательство «Прогресс».

Ленин, В.И. (1987). “Что можно сделать для народного образования”. В.И. Ленин и библиотечное дело (ctp. 45-47). издание третье, переработанное и дополненное .Составитель К. И. Абрамов. Москва: Издательстбо книщная палата.


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.