BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

ESTADO, BIBLIOTECAS E INFORMACIÓN: UN ENFOQUE MARXISTA

Pensar en esta temática es rebasar la frontera de la teoría social de la biblioteca que se ha venido formulando en la esfera de la bibliotecología. Para tal efecto, se analiza el nexo «Estado, bibliotecas e información» desde una perspectiva marxista. Así, se define el concepto «aparato de Estado» como el sistema conformado por una red de instituciones, las cuales están dotadas de centros y servicios bibliotecarios y de información para el desempeño de las funciones estatales (políticas, económicas e ideológicas) que el complejo institucional lleva a cabo para ejercer el poder de Estado.

Desde la óptica sociológica, las instituciones bibliotecarias, como bienes sociales y culturales, están distribuidas en la estructura social (grupos y categorías sociales + instituciones sociales y políticas + relaciones sociales), las cuales desempeñan una serie de funciones en el marco de la sociedad. Pero como nuestro propósito en esta ocasión es, recalquemos, ir más allá de la frontera que marca la relación «bibliotecas y sociedad» que ha venido trazando el discurso de la bibliotecología social, principalmente a partir del siglo XX. Así, es necesario cavilar en torno al vínculo que existe entre la máxima estructura política, las instituciones bibliotecarias y el recurso de la información desde un enfoque escasamente analizado, esto es, a partir del encuadre marxista. El Estado, a juicio de Engels1, “es un producto de la sociedad cuando llega a un grado de desarrollo determinado”. No obstante, el concepto aparato de Estado es el que nos incumbe esclarecer, toda vez que este término es el que intentamos vincular con dos nociones comunes del vocabulario de la bibliotecología y disciplinas afines: las bibliotecas y la información. Para tal efecto es preciso recurrir a los ciertos textos marxistas, considerados como clásicos.

Pasta de la edición alemana 1922 del libro La guerra civil en Francia (Fuente: Wikipedia)

En efecto, el antecedente referente al concepto aparato de Estado se encuentra en el marco de la doctrina marxista, pues esta locución de análisis politológico se enraíza en las expresiones máquina estatal o máquina del Estado que apuntaría Marx en su escrito Bürgerkrieg in Frankreich [La guerra civil en Francia] (1871). Más tarde Engels incluiría la expresión máquina del Estado en su obra Der ursprung der famile, des privateigenthums und des staats [El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado] (1884). Expresión que Lenin retomaría en su opúsculo Государство и революция. Учение марксизма о государстве и задачи пролетариата в революции [El Estado y la revolución. La doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución] (1918). Esta locución, en cierto sentido metafórica, denota en el pensamiento marxista “la superestructura del edificio del Estado moderno”, el cual está constituido por un conjunto diverso de órganos-aparatos interrelacionados que tienden a materializar el poder político del Estado (el ejército, la policía, la burocracia y la magistratura). Se trata entonces de un poder institucionalizado.

Primera edición del libro El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (Fuente: Wikipedia)

Ese poder está, como observamos en nuestro entorno estatal, dotado de una gran gama de sistemas de información documental, entre los que se cuentan los organismos bibliotecarios, en concordancia con las funciones institucionales y necesidades sociales y políticas de conocimiento/saber/información que presentan las diferentes comunidades de funcionarios y/o servidores públicos. Así, la máquina estatal es, a juicio de Engels, “la institución de fuerza pública” que requiere de “aditamentos especiales”, tales como las cárceles y todo género de instituciones coercitivas para encarar los antagonismos de clase. Aditamentos que, según nuestra percepción de la realidad, no están exentos de la necesidad material e intelectual de contar con los fondos bibliográficos organizados y servicios bibliotecarios gestionados para legitimar y perfeccionar determinados actos represivos; así como para controlar y dominar ideológicamente a las clases subalternas y oprimidas. De modo que la idea de que el poder de Estado se refiere al entramado de instituciones que controlan y garantizan el estado de derecho y la vida pública, es relativa porque es la visión tradicional de la doctrina política, social y económica del liberalismo que aboga por la iniciativa privada y el libre mercado.

Las bibliotecas creadas en las prisiones2, por ejemplo, ilustran muy bien el papel represivo-dominante-ideológico de la máquina del Estado. Desde otro ángulo, las bibliotecas judiciales no solamente respaldan las funciones de procuración e impartición de justicia que desempeña el Estado, sino también ayudan a resguardar los privilegios, las prerrogativas y prebendas de la clase dominante. Una mirada superficial, por ende, corta de análisis sobre las bibliotecas al servicio de los tribunales es la afirmación que sostiene que la función principal de estos centros bibliotecarios es proporcionar recursos de información jurídica a los miembros de la judicatura (ministros, magistrados, jueces, abogados en ejercicio y personal judicial de apoyo) para una efectiva impartición de justicia. Este es el punto de vista de la bibliotecología tradicional. La visión de la bibliotecología radical-crítica-marxista profundiza hasta llegar a las raíces de la problemática que entraña el funcionamiento del Poder Judicial del Estado, el cual es considerado como el tercer poder público de gobierno (los otros dos son el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo).

 

Cubierta de la primera edición del libro El Estado y la revolución (Fuente: Wikipedia)

Sin embargo, la concepción marxista de la noción aparato de Estado la comienza a formular resueltamente el intelectual revolucionario del proletariado Vladimir Ilich Ulianov, mejor conocido como Lenin3, quien, basándose en Marx/Engels, entiende por este tipo de aparato al entramado de instituciones que forman el aparato represivo de Estado, a saber: el ejército y la policía, además de sus aditamentos materiales tales como los cuarteles y las cárceles. Por esto, para los clásicos del marxismo el Estado es fundamentalmente “el órgano de dominación de una clase”, o bien es el “órgano o la máquina de violencia de una clase sobre otra”. Pero Lenin, en el marco de la función económica que desempeña la superestructura político-jurídica, hace alusión al aparato de contabilidad (bancos, consorcios, bolsas de valores, hacienda pública, etc.) que la máquina estatal, en el caso capitalista, tiene para efecto de “una vasta labor de cálculo y registro”. En esta tesitura, podemos inferir que en ciertas instituciones del Estado existen bibliotecas que apoyan la función económica pura y no solamente en sentido metafórico o indirecto, como a menudo se aduce respecto a que el uso de todo tipo de estos recintos del saber, por parte de la población, influyen en la prosperidad económica del individuo y de la sociedad.

No hay duda que esta segunda interpretación tiene alguna dosis de verdad, pues en cierta forma esta es otra cara del poder social de la biblioteca; pero las bibliotecas al servicio del “cálculo y registro”, esto es, aquéllas que sirven al capital industrial y financiero, directa o indirectamente, son las que principalmente reflejan la función económica del Estado, por ende, son las que respaldan, con información especializa en finanzas, al poder económico que desarrolla las relaciones de producción en la esfera de la estructura económica estatal. Poder que no está divorciado de la función ideológica del Estado, pues en torno de este poder, además del político, gira la posibilidad del funcionamiento de los diversos Aparatos Ideológicos del Estado (AIE) a los que hace alusión el filósofo marxista francés Louis Althusser4 en su clásico escrito. Teoría que ha sido vinculada al papel ideológico que desempeñan las bibliotecas. Almeida5 en este sentido afirma que “actualmente la biblioteca es, innegablemente, un aparato ideológico del Estado, orbitando entre los AIE cultural, escolar y de información”.

El sociólogo político marxista greco-francés, Nicos Poulantzas6, refiere, interpretando a Lenin, que el aparato estatal designa dos sentidos: 1] el conjunto de las estructuras de una formación social que desempeña las funciones técnico-económica, política e ideológica del Estado, y 2] el personal del Estado, los cuadros de la administración, de la burocracia, del ejército, etcétera. Así, a pregunta expresa planteada por Étienne Balibar7, alumno de Althusser, ¿qué es entonces el aparato de Estado?, responde que “esencialmente es una organización material, producto de una particular división del trabajo”; organización “sin la cual no existe ningún poder de Estado”; y agrega: “organización de la clase dominante y organización de toda la sociedad bajo la dominación de una clase”. Así, por aparato de Estado podemos entender, pues, como el sistema conformado por las diversas instituciones políticas, sociales, culturales, económicas e ideológicas, las cuales son dotadas de centros y servicios bibliotecarios y de información para efecto de las funciones estatales correspondientes que llevan a cabo. En este sentido, las bibliotecas en sí no son, en muchos casos, AIE. Son más bien, aditamentos, apéndices o complementos importantes de los propiamente dichos AIE, como el religioso (Iglesias), el escolar (escuelas y universidades), el familiar (familias), el jurídico (tribunales), el penitenciario (cárceles), el político (partidos políticos), el parlamentario (asambleas legislativas), el sindical (clase trabajadora), el cultural (letras, bellas artes, deportes, etc,) y el informativo (prensa, radio, TV, etc.). Es decir, las bibliotecas religiosas, escolares, universitarias, familiares, jurídicas y/o judiciales, partidistas, legislativas, sindicales y muchas otras, son meramente elementos relevantes de información de los AIE. Quizá las instituciones bibliotecarias que podrían concebirse como propiamente AIE, dada su autonomía, sean las bibliotecas nacionales.

El pensamiento marxista argumenta que sin el aparato de Estado no puede existir el poder de Estado o, inversamente, “no hay poder de Estado sin aparato de Estado” puesto que este complejo institucional es el que materializa y encarna la organización de ese poder. En este orden de ideas, podemos entrever que el aparato de Estado, desde el antiguo hasta el contemporáneo, sin bibliotecas o información organizada en determinados sitios no es posible concebirlo porque, como nos muestra la historia de estos recintos bibliográficos, todos los Estados su poder económico-político-ideológico lo han venido respaldando con la producción, la organización, el uso, la conservación y el control de la información documental. En esta tesitura, como escribe Beard8: “Las bibliotecas no son simplemente los depósitos de libros [...] Ellas son los símbolos de poder intelectual y político”. Pero no de poder abstracto, sino de poder ideológico concreto vinculado a la serie de funciones concatenadas que, según el marxismo, realiza el aparato de Estado; y con el fin precisamente de lograr esa doble función de organización de dominación de una clase sobre otra a la que hace alusión Balibar.

Habitualmente los profesionales de la bibliotecología/biblioteconomía están convencidos de la necesidad de crear y desarrollar más y mejores centros bibliotecarios en el seno de la sociedad, esto se debe sin duda a la importancia que le ha dado, con particular énfasis, la bibliotecología tradicional al análisis sociológico de las bibliotecas. Ahora esta necesidad es menester vislumbrarla a partir de la arista de la superestructura del aparato de Estado y desde el ángulo del poder ideológico de Estado. Esta perspectiva política nos podría dar luz para comprender que el Estado, como el aparato de aparatos, requiere de múltiples formas de recursos documentales, como las bibliotecas con información documental organizada, para lograr ejercer con plenitud el poder ideológico de Estado. Con el examen de esta relación dual, aparato de Estado/poder Estado, es factible apreciar dos momentos fundamentales: 1] la biblioteca en el poder y 2] el poder de la biblioteca. El primero nos permite distinguir que los centros bibliotecarios comenzaron, desde tiempos remotos, a ser instalados con particular atención en la estructura del poder político; y el segundo refiere a la idea que la información contenida en los fondos bibliográficos, particularmente los de las bibliotecas públicas, son recursos ideológicos que puede hoy en día influir en la configuración del poder cívico-libertario, pues, a juicio de McCabe9, “la ideología de la biblioteca pública es ahora predominantemente libertaria”; es decir, bibliotecas al servicio de la población cuya misión apunta hacia la libertad de acceso a la información documental con miras a sostener una ciudadanía informada en la esfera del Estado contemporáneo.

El conocimiento histórico de los libros y las bibliotecas nos permite afirmar que esos dos momentos los encontramos en las diversas coordenadas de tiempo y espacio. En este sentido, los servicios bibliotecarios han penetrado tanto en los aparatos encargados de apoyar el poder de mando, como de aquellos aparatos que preparan no sólo los cuadros dirigentes para ese poder, sino también para formar los grupos de oposición y movimientos sociales de resistencia cultural a la dominación ideológica de clase. Desde esta arista, los servicios públicos de biblioteca hoy en día están distribuidos tanto en las instituciones de la sociedad política (bibliotecas al servicio de los poderes públicos) como de la sociedad civil (bibliotecas formalmente al servicio de la población en general), aunque esta distribución deja mucho que desear cuando comparamos los sistemas bibliotecarios de países desarrollados con los subdesarrollados; o bien, los sistemas públicos bibliotecarios con sistemas privados bibliotecarios, entre otras realidades de comparación.

Como aparato o superestructura de aparatos, el Estado es una variedad de organización de aparatos o estructuras concretas, caracterizados por las funciones específicas que desempeñan. Las categorías de éstos varían en cuanto a tipo y denominación de un autor a otro, sin embargo, en términos generales el discurso marxista menciona que el Estado está estructurado en cuatro grandes aparatos

- el repressivo
- el gubernativo
- el administrativo
- el jurídico

En el marco del concepto de aparato de Estado, los aparatos ideológicos no están considerados en los escritos de Marx, Engels y Lenin. Tan sólo se hallan algunas referencias relacionadas con este problema, pero no encontramos una exposición sistemática o más o menos explícita. Pensamos que este conjunto de aparatos merece un análisis aparte, toda vez que resultan ser un tópico fundamental para identificar a las bibliotecas como circuitos materiales e intelectuales de información documental organizada dentro de los diversos AIE; o bien, refiriéndonos a una red de bibliotecas públicas nacionales, dado el carácter autónomo del que gozan respecto de otros tipos de bibliotecas (escolares, académicas y especializadas), como aparato ideológico propiamente dicho del Estado.

En conclusión, la expresión político-marxista «aparato de Estado» puede orientar a los profesionales de la biblioteca, principalmente aquellos con espíritu progresista, crítico y político, para distinguir la compleja distribución que existe de instituciones bibliotecarias en el conjunto de aparatos que forman el aparato de aparatos, es decir, la superestructura política identificada como Estado. Asimismo, esa categoría conceptual puede ayudarnos a comprender, desde otros ángulos, las diferentes funciones que desempeñan los diversos tipos de bibliotecas, esto es, sistemas y servicios bibliotecarios en el tejido político de esta superestructura. Así, esta dimensión conceptual genera la posibilidad de apreciar más allá de las categorías tradicionales que el discurso bibliotecológico anodino identifica como bibliotecas públicas, escolares, académicas, especializadas y nacionales, pues la compleja estructura política del Estado nos indica que un «sistema nacional de bibliotecas» es en realidad más compleja de lo que aparenta a simple vista

Para estudiar otros enfoques marxistas en relación con la biblioteconomía, se sugiere leer los libros de Spephen E. Bales10, Sam Popowich11 y Joe and John Pateman12. Ciertamente, aún es escasa la literatura que vincula la teoría marxista con las bibliotecas, por lo que es necesario realizar más estudios para profundizar al respecto, pues este enfoque alternativo permite observar con otro lente la creación, el desarrollo, el funcionamiento y el influjo de las bibliotecas en la estructura del Estado capitalista occidental.

Pasta del libro de Joe and John Pateman

 Tapa del libro de Sam Popowich 

Referencias

1. Engels, Frederick. The origin of the family, private property and the State. New York: International Publishers, 1942, p. 155. 

2. Coyle, William J. “The development of prison libraries from 1950 to the present”. En: Libraries in prisions: a blending of institutions. New York: Greenwood Press, 1987. pp. 41-71. 

3. Lenin, V. I. “¿Se sostendrán los bolcheviques en el poder?”. En: Obras completas.  t.. 34. Moscú: Editorial Progreso, 1985. pp.297-348. 

4. Althusser, Louis. “Ideology and ideological state apparatuses (notes towards an investigation)”. In: Mapping Ideology. London: Verso, 2000. pp. 100-140. 

5. Almeida Júnior, Oswaldo Francisco. “Biblioteca pública: útil socialmente? Ou biblioteca pública: missão ou mise en scene?”. Sociedade e biblioteconomia. Editora Polis: Associação Paulista de Bibliotecários, 1997. pp. 63-67. 

6. Poulantzas, Nicos. “Pouvoir d’état. Appareil D’état. Centres de Pouvoir”.  Pouvoir politique et clasees sociales de etat capitaliste. Paris: F. Masparo, 1968. pp. 122-125. 

7. Balibar, Étienne, Sur la dictature du proletariat. Paris: F. Maspero, 1976

8. Beard, M. “Cleopatra’s books”. London Review of Books. 1990, February 8, p. 11. Citado por Michael En: History of libraries in the western world. 4th ed. Lanham: The Scarecrow Press, 1999. p. 6. 

9. McCabe, Ronald. Civic librarianship: renewing the social mission of the public library. Lanham: The Scarecrow Press, 2001. p. 28.

10. Bales, Stephen E. “The academic library as crypto-temple: a Marxian analysis”. In Class and librarianship: essays at the intersection of information, labor and capital. Sacramento, CA: Library Juice Press, 2016. pp. 5-24. 

11. Popowich, Sam. Confronting the democratic discourse of librarianship: a marxist approach. Sacramento, CA: Library Juice Press, 2019. 

12. Pateman, Joe; Pateman, John. Public libraries and Marxism. Abingdon, Oxon: Routledge, 2021.


   247 Leituras


Saiba Mais





Próximo Ítem

author image
LENIN: BIBLIOTECAS E INSTRUCCIÓN PÚBLICA PARA LA CLASE TRABAJADORA
Maio/2025

Ítem Anterior

author image
HACIA UNA BIBLIOTECONOMÍA PROGRESISTA, RADICAL, CRÍTICA, COMUNITARIA Y POPULAR: EL PENSAMIENTO DE SHIRAZ DURRANI
Janeiro/2025



author image
FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.