BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

HACIA UNA BIBLIOTECONOMÍA PROGRESISTA, RADICAL, CRÍTICA, COMUNITARIA Y POPULAR: EL PENSAMIENTO DE SHIRAZ DURRANI

La historia social y política de las bibliotecas muestra que estas instituciones culturales han sido causa y efecto de cambios radicales al convertirse, en el campo de las batallas de ideas, en un pilar fundamental de los procesos revolucionarios. Recordemos algunos hechos históricos: 1] las bibliotecas abiertas al público surgieron en Francia como un resultado directo de la Revolución (1789-1899) con el fin de abolir la monarquía absoluta y proclamar la República, así como para difundir los ideales de la Ilustración y promover la educación de las masas; 2] en el marco de la Revolución Mexicana (1910-1917), se impulsó la creación de bibliotecas populares en todo el territorio, permitiendo el acceso a los libros en las comunidades más remotas; 3] Antes, durante y después de la Revolución Rusa, también conocida como Revolución Socialista de Octubre o Revolución Bolchevique (1917), las bibliotecas funcionaron como centros de difusión de ideas revolucionarias y recintos para impulsar la educación popular; 4] La campaña de alfabetización masiva emprendida al triunfar la Revolución Cubana (1959) estuvo acompañada de la creación de una extensa red de bibliotecas populares con la finalidad de hacer de la lectura y el acceso al conocimiento un derecho fundamental para todo el pueblo; y 5] La Revolución Sandinista (1979-1990), ocurrida en Nicaragua, fomentó la conciencia crítica, el fortalecimiento de la identidad nacional y el apoyo a la organización popular mediante la creación de bibliotecas, convertidas en centros difusores de ideas revolucionarias y en espacios formadores de nuevos ciudadanos.

De una manera u otra, el bibliotecario profesional Shiraz Durraní ha cavilado en torno a la relación «bibliotecas y revolución». Él está consciente que las bibliotecas pueden servir como espacios difusores de ideas políticas que permitan cuestionar el status quo de regímenes avasalladores. Pero para que esto suceda, antes es necesario que se lleve a cabo una revolución cultural entre el personal bibliotecario, la cual lo capacite para crear una nueva agenda de servicio; para revaluar el papel de las bibliotecas en una sociedad dividida en clases; para observar críticamente que el servicio de biblioteca pública realmente no está abierto para el uso del pueblo. Por lo tanto, lo que se requiere es contar con trabajadores de bibliotecas que desafíen la biblioteconomía conservadora; personal que salga de los edificios para ir en búsqueda con el fin de asistir a las clases subalternas; bibliotecarios que sean capaces de generar servicios bibliotecarios sin muros para satisfacer las necesidades sociales de información en donde se halla el pueblo. En otras palabras, es menester que los bibliotecarios se conviertan en pueblo, que trabajen para, por y con el pueblo. Esto infiere pensar en la práctica de una «biblioteconomía progresista» como de una «biblioteconomía popular».      

Por otra parte, es menester trabajar arduamente para forjar un nuevo perfil de las bibliotecas, con la finalidad que la gente tenga un diferente parecer sobre la función social que deben desempeñar estas instituciones de servicio de lectura individual y comunal. A su juicio, se tendrá que librar una guerra cultural para cambiar la percepción atrofiada que el pueblo tiene de estos espacios. La comunidad debe saber qué son y qué hacen las bibliotecas, para esto se deben generar nuevas ideas con la intención de renovar la visión que el pueblo tiene del quehacer bibliotecario. Es decir, Durrani considerada que es tiempo apremiante de redefinir los términos de “biblioteca” y “bibliotecario”. Ha llegado la hora también de cuestionar las prácticas bibliotecarias eurocéntricas y estadounidenses en materia de gestión de bibliotecas públicas, pues el modelo “occidental” sobre este asunto deja mucho que desear en virtud de que esa práctica bibliotecaria hegemónica no ha tenido éxito para abatir la exclusión social de una gran parte de la población. Lo que se requiere es generar una «biblioteconomía radicalmente liberadora»; una «biblioteconomía progresista» que planifique servicios de información para comunidades olvidadas, desatendidas o marginadas; se precisa transformar bibliotecas para atender comunidades subrepresentadas, minorizadas y, por ende, excluidas. En este sentido, es preciso pensar y practicar en una «biblioteconomía radical» con la intención de llegar a la raíz de los problemas y así adoptar posturas con espíritu reformador o revolucionario.

En las guerras de la información, en la vanguardia han estado y están las bibliotecas con sus acervos que desarrollan y organizan, y con la gama de servicios que brindan a la sociedad. Así, se reconoce que estos centros de lectura pública tienen un importante papel que cumplir en el plano de las luchas de liberación de todas aquellas naciones dominadas y pueblos subyugados. Por ejemplo, Shiraz Durrani hace énfasis en la pertinencia y relevancia que estos recursos tienen en la intensa lucha de clases, que comúnmente la biblioteconomía conservadora habitualmente ha pasado por alto. En este sentido, recalca que el personal bibliotecario deberá asumir abiertamente su responsabilidad social y política, es decir, deberá pensar con juicio crítico a qué lado apoya: el de los opresores o el de los oprimidos. Dado que esta situación transparenta una genuina postura política, no será suficiente con proclamar anodinamente su cometido de ofrecer “información a todos”. En la práctica no deberá pasar inadvertidas las verdaderas necesidades de la población en general, principalmente las clases oprimidas que pugnan por su emancipación. Reto que tiene enfrente el gremio trabajador de los servicios bibliotecarios y de información que puebla la región de los países que tienen un nivel de desarrollo insuficiente e inequitativo aún en el siglo XXI. Desde esta arista, las bibliotecas deben participar dinámicamente en la arena de las luchas populares que se gestan por la justicia social, mismas que se libran en diferentes entornos políticos, sociales, culturales, educativos, económicos e ideológicos.

La relación «bibliotecas y liberación» es parte importante del pensamiento-acción (praxis) de Shiraz Durrani. Plano en el que escribe sobre la importancia que tiene el personal bibliotecario en cuanto a compilar material clandestino y alternativo, para así poder ofrecer servicios de información relativa a las luchas del pueblo. Intuye que comúnmente esta labor de compilación y organización documental no se ha llevado a cabo en la práctica bibliotecaria, por lo que es posible que documentos importantes de esta naturaleza ya se hayan perdido. Para remediar esta situación, sugiere que las bibliotecas desarrollen, con el apoyo de organismos como la Unesco, proyectos de recolección activa de documentos sobre los movimientos de liberación, independización y soberanía de los pueblos. Existen experiencias de algunas movilizaciones contra la injusticia social que han estado creando servicios de información alternativa, por lo que las bibliotecas públicas oficiales podrían ser proveedoras de información para apoyar a las clases populares que pugnan afanosamente por abatir la segregación, la discriminación y el racismo. Ciertamente, para tal caso es necesario que el personal bibliotecario genere consciencia social sobre la importancia que tiene la ayuda a las luchas de liberación del pueblo a través de los servicios que ofrece. Aún y cuando los servicios de biblioteca no respalden las luchas populares contra la injusticia social, las fuerzas de insurgencia política popular continuarán creando sus propios espacios y recursos de información con el fin de mantener informados a sus líderes e impulsar la participación masiva informada de las clases subalternas. Así, las bibliotecas clandestinas, como lo ha demostrado la historia, seguirán siendo bastiones de libertad ideológica, resistencia cultural, organización documental y preservación de la información alternativa en tiempos de opresión y censura.

Durrani reconoce que la «biblioteconomía comunitaria» (community librarianship) es el modelo opcional para brindar servicios bibliotecarios a los desfavorecidos. Así, la «biblioteca comunitaria» se convierte en el recurso estratégico para proporcionar acceso a materiales que puedan desafiar el status quo. Un ejemplo sobre el funcionamiento de este tipo de bibliotecas ha sido la experiencia forjada para ofrecer servicios a las comunidades negras en Kenia y otros países africanos. Como ha sucedido en otras latitudes, la creación y el desarrollo de bibliotecas de esta naturaleza se ha llevado a cabo para subsanar el deficiente e insuficiente suministro oficial de servicios bibliotecarios para personas y grupos étnicos, minoritarios y desatendidos. A pesar del reconocimiento teórico y práctico de la biblioteconomía comunitaria, esta tendencia no ha sido plenamente aceptada en la esfera profesional de la biblioteconomía conservadora, pilar del sistema social dominante. Carente de ideas transformadoras, el gremio bibliotecario tradicional no ha logrado sugerir un nuevo paradigma radical, diferente al credo asistencialista al que se aferra obstinadamente, para hacer realidad el derecho humano a la lectura, a la información y al conocimiento entre aquellos grupos desprovistos de recursos culturales, tan necesarios para vivir con dignidad.    

Para Durrani, es necesario que lo positivo de la biblioteconomía comunitaria se reconsidere para revertir la pérdida que tuvo la sociedad en general y los desfavorecidos en particular al haberse dejado de lado el aprendizaje de esta práctica bibliotecaria. El problema de la exclusión social, es una oportunidad para reavivar las buenas prácticas bibliotecarias comunitarias. Sin duda, el reposicionamiento de las bibliotecas como instituciones sociales, centradas en la comunidad, es una posibilidad para cambiar la imagen que de estos espacios tiene el pueblo. El postulado político-social «las bibliotecas para todos» se podría aproximar más a la realidad si el gremio bibliotecario en ejercicio decide continuar hoy en día el desarrollo gradual, teórico y práctico, de la biblioteconomía comunitaria. De tal suerte que los precursores de la biblioteconomía comunitaria podrían ser apreciados como paladines en lugar de quedar reducidos a las páginas cerradas de la historia.

La biblioteconomía comunitaria comenzó a identificarse, desde finales de la década de 1970 y principios de la de 1980, como una filosofía alternativa radical para poner en marcha bibliotecas que trabajaran con la comunidad y no solamente para la comunidad. Si es que desde entonces inició el pensamiento y la acción de la «biblioteconomía radical» (radical librarianship) como un movimiento alternativo audaz encabezado por bibliotecarios socialmente radicales y comprometidos con sus comunidades. Enfoque que desafió, y sigue retando, la práctica bibliotecaria tradicional, abogando por echar andar proyectos más políticos y socialmente receptivos. Por esto, la biblioteconomía comunitaria representó, y continúa simbolizando, un gran desafió a la biblioteconomía pública convencional. Quizá por esto las clases conservadoras lograron derrotar este paradigma, lo que ocasionó, según la visión de Durrani, seguir manteniendo en la marginación los servicios bibliotecarios para las comunidades negras.

Shiraz Durrani no pasa por alto el tema de las tecnologías de la información en las luchas del pueblo, pues son herramientas útiles para mantener la comunicación, lograr la organización e impulsar la movilización. En la arena de las luchas sociales del siglo XXI, la Web ha demostrado ser un aliado para amplificar voces, conectar a personas de diversas latitudes y visibilizar problemas críticos. Desde esta perspectiva, las bibliotecas deben, a su juicio, aprovechar la posibilidad de adquirir, almacenar y difundir información en el escenario de las luchas sociales, donde el nexo «información y conocimiento» se pueda convertir en un recurso poderoso para preservar la memoria colectiva, construir discursos alternativos y combatir la desinformación. Así, las bibliotecas y las tecnologías electrónicas para Durrani pueden ser motor cambio social, por un lado, y de justicia social al satisfacer las necesidades de los socialmente marginados, por el otro.

Sin duda, el pensamiento de nuestro colega Durrani aporta puntos de vista para teorizar y practicar lo que se ha denominado desde hace tiempo como biblioteconomía progresista, radical, crítica, comunitaria y popular. Esforzarse por pensar con rigor estas ramas de la biblioteconomía social es una asignatura pendiente, pues aún persiste un caos conceptual al respecto en el marco de esta literatura.

Para concluir estos prolegómenos, cabe decir que los siguientes fragmentos están esquematizados en tres rubros, a saber: 1] Redefiniendo el papel social y político de las bibliotecas y los bibliotecarios; 2] Las bibliotecas públicas en torno a las luchas populares; y 3] La biblioteconomía comunitaria al servicio de las comunidades negras. Como en los anteriores escritos, las ideas de Durrani han sido entresacadas de su libro Information and liberation: writings on the politics of information and librarianship (Duluth, Minn: Library Juice Press, 2008).

 

Shiraz Durrani. Foto: Vita Books Publishers

Redefiniendo el papel social y político de las bibliotecas y los bibliotecarios

“La necesidad de una revolución cultural entre los bibliotecarios es un requisito clave para el cambio. Esto garantizaría que los trabajadores estén capacitados para decidir y prestar un servicio relevante. Esto sólo podría lograrse ampliando sus perspectivas y sus horizontes. Pero también es necesario darles experiencia práctica en la implementación de una nueva agenda.”

“...esta es una sociedad dividida en clases y ciertas clases, debido a los recursos que controlan, tienen sus propios medios para satisfacer sus necesidades. El servicio necesita reevaluar el papel y el propósito de la biblioteca en una sociedad dividida en clases y diversificada. Necesitamos aceptar el hecho de que el servicio de biblioteca pública no está abierto a todos y desarrollar un servicio basado en las necesidades, que satisfaga las necesidades del pueblo que no puede pagar la información y otros servicios bibliotecarios, como el aprendizaje informal. El nuevo papel de las bibliotecas debe garantizar que los recursos se utilicen para satisfacer las necesidades de las personas que no tienen otras formas de satisfacer sus necesidades. Estamos atravesando un cambio tecnológico importante y necesitamos ver cómo las nuevas tecnologías pueden ayudarnos a desarrollar nuevos servicios.”

“Sería un servicio de biblioteca que posiblemente se ubicaría en la comunidad de una manera diferente y desafiante. Los edificios son importantes, pero los edificios en sí mismos no son bibliotecas, por lo que necesitamos salir de los edificios, al menos espiritualmente, y satisfacer las necesidades allí donde está el pueblo, convertirnos en pueblo, estar allí donde están sus necesidades. Un servicio de biblioteca de este tipo es "bibliotecas sin muros".”

“Pero tenemos que librar una guerra cultural para cambiar la forma de pensar de la gente sobre el papel de las bibliotecas, y también en la sociedad, si queremos que las bibliotecas desempeñen un papel social más importante.”

“La gente necesita saber qué pueden ser y qué pueden hacer las bibliotecas; de lo contrario, no puede tomar una decisión significativa sobre lo que quiere que hagan las bibliotecas. Creo que tenemos que desarrollar nuevas ideas y ampliar el pensamiento del personal y de la gente de las comunidades. Tenemos un papel importante que desempeñar en eso. Creo que las bibliotecas deberían trabajar con los trabajadores de las artes, con los trabajadores culturales, con los educadores. Creo que redefinir el término "bibliotecario" y el término "biblioteca" es parte del proceso que necesita comenzar urgentemente. Esos términos han creado barreras para nuestro público en términos de espacio físico y también en nuestro pensamiento y en lo que hacemos y cómo hacemos las cosas. Romper esas barreras debería ser el comienzo del proceso de comenzar a ver una nueva visión de las bibliotecas.”

“Las bibliotecas públicas de Gran Bretaña y otros países "desarrollados" deben examinar sus prácticas de trabajo, sus perspectivas y sus supuestos con vistas a que sean menos eurocéntricas o estadounidenses. En la profesión se presupone que el modelo "occidental" de bibliotecas públicas es el mejor. Este modelo no ha logrado impedir la exclusión de quizás un tercio o más de nuestra población del mundo de la información.”

Las bibliotecas públicas en torno a las luchas populares

“La lucha sitúa a la información y su hogar -las bibliotecas- al frente de las guerras de información del siglo XXI.”  

“Si las bibliotecas han de tener alguna relevancia en una situación de intensa lucha de clases, entonces los propios bibliotecarios tendrán que asumir y declarar abiertamente sus intereses en cuanto a qué lado apoyan. Sus acciones deberían entonces reflejar su postura. Pero no bastará con proclamar su compromiso de proporcionar información a todos, si en la práctica ignoran las necesidades de la gran mayoría de la población de [nuestra] nación. Este es el desafío más importante para los trabajadores de la información en el Tercer Mundo durante el siglo XXI.”

“Las bibliotecas públicas tienen un papel importante que desempeñar en estas luchas mundiales del pueblo de todas las nacionalidades y de todos los países.”

“Las posibilidades de los medios de comunicación baratos y fáciles que ofrecen la Web y las comunicaciones electrónicas deben ser aprovechadas por las bibliotecas para adquirir, almacenar y difundir información que el pueblo que lucha considera relevante. Quienes participan activamente en la lucha ya han adoptado estas tecnologías como herramientas para sus luchas. Si las bibliotecas no pueden ser consideradas participes en las luchas del pueblo, deberán aceptar los nuevos medios, no para satisfacer las necesidades comerciales y de otro tipo de los "ya ricos", sino para satisfacer las necesidades de los socialmente excluidos.”

 “Las bibliotecas públicas deben verse a sí mismas como parte de la sociedad en su conjunto. Las luchas populares por la justicia social y la liberación económica se libran en varios niveles: político, económico, social, cultural y educativo. ... Cualquier búsqueda de relevancia necesitará explorar este papel dinámico de las bibliotecas.”

“Ninguna biblioteca pública recopila material clandestino y alternativo sobre las luchas populares. Es posible que muchos documentos importantes ya se hayan perdido sin ninguna organización…”

“Para no perder las experiencias de la lucha popular, las bibliotecas públicas deben tener una política de recolecta activa, posiblemente en colaboración con organismos internacionales como la UNESCO.”

“Los movimientos de liberación en todas partes han tenido que crear nuevos servicios de información. Las luchas populares contra la exclusión continuarán, con o sin servicios de biblioteca pública. Las bibliotecas públicas oficiales pueden desempeñar un nuevo papel como proveedoras de información para las fuerzas populares en su búsqueda de inclusión, siempre que haya una decisión consciente por parte de los trabajadores de la información y los tomadores de decisiones en los gobiernos locales y centrales de apoyar las luchas de liberación del pueblo.”

La biblioteconomía comunitaria al servicio de las comunidades negras

“Varios estudios han analizado el desarrollo de la biblioteconomía comunitaria. La biblioteconomía comunitaria aboga por una forma más flexible y diversificada de prestación de servicios de biblioteca pública que permita destinar recursos a los desfavorecidos…. Una parte integral de la bibliotecología comunitaria era el servicio a las comunidades negras… El problema del mal servicio a las comunidades negras que la biblioteconomía comunitaria buscaba superar fue reconocido desde hace mucho tiempo…. De hecho, los aspectos positivos de la bibliotecología comunitaria nunca fueron aceptados por la profesión en su conjunto, ni se sugirió ninguna alternativa. … Más aún, la preferencia por los desfavorecidos en lugar de otros grupos de usuarios parecía contradecir el credo asistencialista del universalismo al que muchos bibliotecarios públicos se aferraban profundamente.”

“Así, nunca se aprendieron las lecciones positivas de la biblioteconomía comunitaria. Fue una pérdida para la sociedad en su conjunto, pero en particular para todos los desfavorecidos, incluidas las comunidades negras. Pero las lecciones se están aprendiendo hoy a través de políticas y prácticas que actualmente se asocian con la "exclusión social".

“Las "bibliotecas para todos" habrían estado mucho más cerca si se hubiera permitido que la biblioteconomía comunitaria evolucionara con las necesidades y los tiempos cambiantes y desarrollara sus propias teorías y prácticas. Los pioneros de la biblioteconomía comunitaria habrían sido considerados héroes y heroínas hoy en día en lugar de estar condenados a capítulos cerrados de la historia.”

“Fue el conservadurismo y la presión de la clase media lo que derrotó a la biblioteconomía comunitaria y, al mismo tiempo, marginó los servicios a las comunidades negras. Cualquier lucha por mejorar el servicio a las comunidades negras deberá trabajar en estrecha colaboración con quienes luchan por los derechos de información de los trabajadores. Los asuntos de raza y clase están muy relacionados, como lo reconocen los editores de Race and Class.”


   247 Leituras


Saiba Mais





Próximo Ítem

author image
ESTADO, BIBLIOTECAS E INFORMACIÓN: UN ENFOQUE MARXISTA
Fevereiro/2025

Ítem Anterior

author image
INFORMACIÓN Y BIBLIOTECAS EN EL CONTEXTO DE LAS LUCHAS DE CLASES: EL PENSAMIENTO DE SHIRAZ DURRANI
Dezembro/2024



author image
FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.