BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

BIBLIOTECAS E IDEOLOGÍA EN EL MARCO DEL ESTADO II

Hay momentos históricos en que las clases y los Estados dominantes, en virtud de sus ventajas, oportunidades e intereses, han aprovechado mejor las instituciones bibliotecarias para imponer abrumadoramente sus ideas. Esto significa que las bibliotecas no siempre han sido baluartes de la defensa de la libertad e igualdad de la humanidad, como pueden atestiguar en los diferentes cuadrantes de tiempo y espacio los ciudadanos negros en los Estados Unidos o los judíos en Europa durante el predominio de la Alemania Nazi, por mencionar algunos acontecimientos que han dejado perenne huella en el espíritu del hombre y que se recogen a menudo, con el pertinente enfoque, en la literatura bibliotecológica. De tal modo que los centros bibliotecarios han estado asociados también a las posibilidades de expansión de sistemas ideológicos perversos, cuya violencia y despotismo representan la brutalidad. La práctica de ideologías racistas es un panorama nefasto en la historia del mundo de las bibliotecas y los libros; es prueba de la existencia de sistemas de ideas que engendran odio, discriminación, segregación, intolerancia, guerras. En suma, violaciones flagrantes de los derechos humanos universales.

 

Pero esta dominación ideológica nunca ha sido absoluta en tiempo, ni cubre a todos, ni abarca todas las dimensiones, pues existen indicios a menudo en crear una cultura bibliotecaria de resistencia, de desobediencia civil, mediante proyectos para crear bibliotecas, si así fuere el caso, en la clandestinidad o simplemente en contextos que originen contra-información. Iniciativas varias de ellas basadas en afianzar el poder ideológico de los oprimidos. La correlación de fuerzas políticas, el grado de organización de los grupos sociales, además de la posición orgánica de los intelectuales, definen la intensidad de esa dominación. Los intelectuales orgánicos, en el marco de la dicotomía opresores/oprimidos, han aprendido a lo largo del tiempo el valor y el poder del discurso impreso, de la información y, por ende, del servicio de biblioteca. De tal modo que las bibliotecas como depósitos organizadores de sistemas ideológicos se hallan tanto en los cuadrantes de la dominación como en los de la lucha de clase. Se comprende esto porque las ideologías funcionan como legitimadoras del abuso de poder y la desigualdad, por un lado, y como recurso de la resistencia, el desafío, la disidencia y el cambio, por el otro. 

 

Esta concepción dialéctica nos permite entrever que las ideologías que conservan los fondos bibliográficos de esas instituciones no sólo ayudan a someter a la gente a un orden dado, sino que también la capacita para una acción social consciente, incluso para movimientos sociales orientados hacia un cambio gradual o revolucionario. Desde esta arista, las bibliotecas, con sus recursos documentales y gama de servicios, influyen en los complejos procesos sociales y políticos, en los que las ideologías entran en colisión, compiten, se superponen o forman alianzas. Así, el funcionamiento de las organizaciones documentales que nos ocupa se evidencia en las relaciones del status quo y el cambio social, esto es, en los planos de la reproducción y la transformación del poder, en cuyo centro de atención está siempre el Estado. Bajo esta óptica, las bibliotecas se conciben como escenarios o lugares de custodia de la palabra impresa, del discurso ideológico o de apoyo a éste; como centros neurálgicos internos de los aparatos ideológicos del Estado para el logro argumentativo racional no coercitivo. Son, por ende, parte de la estructuración del orden discursivo; son algunas de las matrices institucionales, materiales e intelectuales, para la selección, el control, el ordenamiento, la difusión y la circulación de las ideologías publicadas en diversas fuentes; son parte de la organización eficaz del poder en la sociedad. Relaciones sociales de poder que se condensan y cristalizan en el terreno político del Estado.          

 

Se sabe que no existe grupo social o Estado hegemónico que pueda asegurar durante largo tiempo su poder político solo con el poder represivo, pues la cultura cumple una función social-ideológica fundamental para el sostén y reproducción del sistema político. Así que los grupos dominantes ejercen la función de dirección cultural de transmisión ideológica a través de un conjunto de organizaciones e instituciones que divulgan la interpretación de la realidad correspondiente a sus intereses, entre ellas las de carácter bibliotecario. Así que en el seno de los aparatos ideológicos del Estado, se crea y desarrolla una gran variedad de centros bibliotecarios con el fin de complementar el poder represivo con el intento de justificar y reproducir las estructuras y relaciones de dominación. Se percibe por lo tanto que la ideología conlleva un sistema de valores, símbolos y comportamientos que aparece representado en el arte, la filosofía, el derecho, la religión, las ciencias sociales, etcétera, contenidos en los acervos de las bibliotecas. Desde esta perspectiva, esos recintos forman parte de la estructura de dominación social, puesto que el Estado es un aparato de coerción que logra mantener su poder mediante una tupida red institucional que en su seno requiere de servicios de información bibliográfica. Coincidimos así con los planteamientos de algunos de los más señeros representantes de la teoría marxista (Marx, Engels, Bujarin, Gramsci, Althusser, Poulantzas y otros)  de la reproducción respecto a que las entidades bibliotecarias favorecen la reproducción cultural, ideológica y social. En este vértice, ellas son los mecanismos de propagación y acceso al discurso ideológico público que generan los grupos de políticos, filósofos, escritores, académicos, líderes intelectuales, ideólogos tanto de la clase dominante como subyugada, entre otras elites que tienen el privilegio de tener pleno acceso a los libros y a las bibliotecas.

 

Se afirma que no hay poder sino por la fuerza, y un poder que no domina no es poder. En esta perspectiva, las categorías de poder, dominio y fuerza en el contexto del Estado no pueden separarse del ámbito institucional bibliotecario, puesto que incluso la naturaleza coercitiva que caracteriza al poder represivo que ejerce la estructura estatal necesita tanto de acervos bibliográficos como de servicios de biblioteca para hacer efectivo ese poder. En efecto, las fuerzas armadas y los contingentes del orden público y de seguridad crean y desarrollan importantes sistemas bibliotecarios (bibliotecas militares, bibliotecas policiales y otras) alrededor del mundo para asistir a ejércitos, cuerpos policiales y de inteligencia; los funcionarios (magistrados, ministros, jueces, abogados, etcétera) que velan la función coercitiva del Estado también tienen a su alcance recursos especializados de información documental (bibliotecas jurídicas en general y bibliotecas judiciales en particular).

 

Por esto, aquí se pone de relieve el distinto lugar que el poder del Estado ocupa en las diferentes coordenadas de dominación ideológica, específicamente en la relación que se vislumbra entre «bibliotecas y poder». Por tanto, cabe dilucidar en torno de dos momentos importantes: «la biblioteca en el poder» y «el poder de la biblioteca». El primero corresponde a la presencia real de la institución bibliotecaria en los diversos espacios del poder político en general, y del poder coercitivo en particular; el segundo se refiere al poder simbólico que se observa en torno a la influencia que ella tiene en el marco de los imperativos del Estado. No faltan hechos reales que evidencian en primer plano que el poder político no sólo se asienta en actos para contener, detener o castigar con violencia comportamiento políticos y sociales que apuntan a socavar el poder estatal, sino también se finca en actos de  represión dictados a través del control y uso de elementos, recursos y entidades de información organizada, tales como las bibliotecas y los archivos.         

 

Acorde con lo anterior, las instituciones bibliotecarias, especialmente las que desarrollan colecciones en las áreas de las ciencias sociales y humanidades o que tienen acervos importantes en torno de éstas, son espacios de memoria histórica, de construcción social del pensamiento político, por ende, en donde los intelectuales fraguan las ideologías que han de orientar los movimientos sociales. Desde esta arista se entiende que un determinado sistema de ideas es una mezcla de conceptos de origen básicamente intelectual que apunta a concretarse en la práctica y que caracteriza las contingencias de la política cotidiana en el seno del Estado. Así, la ideología está formada tanto por formulaciones teóricas y programáticas como por la interpretación de las experiencias colectivas vividas durante las movilizaciones, racionalizadas en documentos publicados y puestos al servicio para su consulta en una gran variedad de centros bibliotecarios.

 

Si bien el espectro social bibliotecario no necesariamente conduce de manera directa al activismo político, sí sirve para gestar esquemas doctrinales sobre el que los estudiosos analizan, construyen y reinterpretan sus planteamientos ideológicos para mover a la acción colectiva. En suma, entre movilización y política existe el complejo campo de la ideología en el que entra en juego el mundo de las instituciones de lectura pública, es decir, las bibliotecas puesto que éstas actúan como recursos culturales que contribuyen a la creación de marcos ideológicos, por lo que se hallan involucradas en una serie de procesos ideológicos-culturales. Ningún proceso social conflictivo o pacífico podría avanzar sin el servicio que prestan esas entidades, pues de ellas depende en parte el actuar de grupos e instituciones que entretejen las relaciones de la sociedad. Las bibliotecas así se convierten en elementos importantes de la estructura que hace funcionar al Estado.


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.