BIBLIOTECAS, SOCIEDAD Y ESTADO


  • Relação entre as bibliotecas, as ações dos profissionais que nelas atuam e o estado.

BIBLIOTECAS E IDEOLOGÍA EN EL MARCO DEL ESTADO I

El análisis de la relación entre «bibliotecas e ideología» indica que este tipo de instituciones culturales desarrollan, organizan, conservan y difunden conocimiento ideológico en el seno del Estado, puesto que el contenido de sus acervos refleja intereses de los grupos sociales antagónicos. La controversia ideológica en el plano de las bibliotecas se observa así como parte de las prácticas sociales y políticas de estos organismos que inciden en la producción de lo que constituye las diferencias ideológicas del ser humano. Uno de los indicios más explícitos de ese nexo se halla en la historia de las bibliotecas y del libro, pues esa historia está impregnada de conflictos ideológicos, lo que significa que ellas han formado, forman y formarán parte activa de un mundo socialmente problemático. De tal suerte que los centros bibliotecarios no están distribuidos en territorios estatales etéreos de un conocimiento social puro, ni están libres de prejuicios de valor; por lo tanto, tampoco conforman colecciones bibliográficas desarrolladas por encima del fragor de los intereses contradictorios. Creer en la posibilidad de tal papel inocuo de las bibliotecas en el marco de la estructura del Estado, si no es un error de percepción sí una de las mayores ilusiones. Por esto, se piensa que mientras las divergencias de poder y riqueza persistan, las instituciones bibliotecarias no tienen margen para ignorar el mundo de la ideología, la cual se concibe como un sistema de ideas o conceptos donde un grupo político o fuerza social expresa su concepción del mundo pasado, presente y futuro; es, además, un sistema de juicios y argumentos a través del cual ese grupo o esa fuerza da expresión a sus posiciones  ante los problemas del mundo. De ahí que la ideología sea algo en continua elaboración y corrección, procesos que demandan de ideas escritas.

 

En la práctica social las ideologías son, en efecto, conjuntos de ideas organizadas que permiten a un grupo dirigente disponer de un proyecto social y orientar táctica, estratégica e intelectualmente su dominio; o bien compuestos de ideas que faculten a un grupo sometido habilitar un contraproyecto que le encamine hacia la movilización. Por este motivo, las ideas que contienen los acervos de las bibliotecas son elementos relevantes para la conservación del poder y para los movimientos sociales que se expanden a una gran variedad de ámbitos de la realidad social. Ellas son así componentes culturales en el contexto de los conflictos puesto que participan, a través de los servicios que prestan, en la transmisión de ideas con las que se identifica y necesita el grupo. Es decir, los centros bibliotecarios no están alejados o aislados en absoluto de las relaciones entre las clases sociales y de la lucha que se desarrolla entre ellas sino que, por el contrario, sus fondos bibliográficos están marcados por las ideologías de la clase dominante en el cuadrante social o político en el cual están inscritos. De esto se desprende que esas instituciones culturales se definen por la producción y el consumo de las obras del espíritu que conservan, organizan y propagan entre sus diversos tipos de comunidades de usuarios. Funciones que se hallan permanentemente vinculadas a los procesos que implican las relaciones sociales fundamentales de la sociedad existente. Esto significa que la compleja unidad «bibliotecas y conflictos» es inherente a todo sistema social, algo así como un imperativo estructural en tanto la sociedad y el Estado continúen articulándose de manera clasista, o bien mientras siga habiendo excluidos del poder, la riqueza y el privilegio.       

 

Si la sociedad se asemeja a un campo de batalla donde compiten las ideologías para lograr la victoria, entonces el ser humano que vive en sociedad dentro del Estado requiere de recursos materiales e intelectuales, instrumentales e institucionales que le garanticen el desarrollo, la conservación y la difusión de los diferentes sistemas de ideas. Los impresos y las bibliotecas son algunos de esos recursos que permiten el proceso continuo de estudiar o analizar, corregir o desechar, renovar o crear ideologías entre los contendientes ideológicos, configurados como individuos o grupos, como lectores o usuarios, como contribuyentes, ciudadanos y electores con necesidades diversas de información. A ellos, las bibliotecas les proporcionan ventajas estratégicas sobre los demás porque esos recintos ofrecen acervos y servicios, información y conocimiento que les permiten constantemente ampliar y profundizar, redefinir y ajustar su propia postura. Durante esta batalla, que apunta por conseguir la hegemonía, no es posible librarla sin el apoyo de las bibliotecas, pues esa lucha en gran medida se libra en el terreno de la información organizada. Así, las entidades bibliotecarias son espacios que contribuyen al forcejeo de los significados ideológicos en los terrenos del discurso político que entraña rivalidad de diverso orden. La batalla ideológica de las palabras se moldea en cierto modo en el seno de las perspectivas ideológicas que ofrecen los acervos de las bibliotecas, por esto ellas están en el vórtice de las profundas, amplias y divergentes disputas ideológicas. 

 

La práctica política en el interior de todo Estado demanda espacios bibliotecarios para construir la estructura ideológico-intelectual necesaria del individuo, de la colectividad. Recintos que le ofrezcan, a uno y otra, colecciones para estimular el forjamiento de sus sueños y expectativas con la finalidad de que encuentre sentido a la vida y racionalidad a su lucha, a sus movimientos sociales y políticos. Las bibliotecas así, mediante sus acervos y servicios, difunden y fomentan una gran diversidad de ideas; por lo tanto son portadoras de fundamentos ideológicos que tienden a humanizar la lucha política. En este sentido, el vínculo «bibliotecas e ideología» se encuadra en la valoración espiritual y se centra en las dimensiones del sentimiento del hombre. Gracias a los libros y  las bibliotecas, las ideas se siguen cultivando, lo que significa que la creación intelectual de las ideologías no se puede agotar, por lo que el punto de vista que argumenta el «fin de las ideologías» está fuera de lugar. Los actos de estudio, análisis y producción son los fenómenos intelectuales que determinan la creación de los sistemas de ideas. La ideología, basada en la temperancia, la sensatez y el juicio crítico de la lógica del pensamiento, está asociada al uso intensivo de esas instituciones que ofrecen, a través de la variedad de autores, títulos y temas, una plataforma sistemática al servicio del raciocinio humano, esto es, para crear argumentos y discursos, investigar y estudiar, confrontar opiniones y posiciones, conocer valores y cosmovisiones.


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FELIPE MENESES TELLO

Cursó la Licenciatura en Bibliotecología y la Maestría en Bibliotecología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la (UNAM). Actualmente es profesor definitivo de asignatura en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM. En la licenciatura imparte las cátedras «Fundamentos de Servicios de Información« y «Servicios Bibliotecarios y de Información» con una perspectiva social y política. Asimismo, imparte en el programa de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información de esa facultad el seminario «Servicios Bibliotecarios para Comunidades Multiculturales». Es coordinador de la Biblioteca del Instituto de Matemáticas de esa universidad y fundador del Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social (2000-2008) y fue responsable del Correo BiblioPolítico que publicó en varias listas de discusión entre 2000-2010. Creó y administra la página «Ateneo de Bibliotecología Social y Política» en Facebook.